30 mar 2017

Mañana silvestre

Por Nacho Fittipaldi


Cada mañana termina en un combate. Por la ropa, por el desayuno, por la tele, por los horarios. Piero y Sabino comenzaron a disfrutarse y eso es también una disputa horizontal, constante. Hoy me toca a mí. Piero pide:
-          -  ¿Papá me pones los guantes?
Afuera hace 25 grados, son las 07.45 hs de la mañana, el tiempo apremia, Piero está en pijama,  falta que se lave los dientes, sacar el auto, subirlo, atarlo, cerrar el portón, llevarlo a la escuela  y recién allí podré ir a nadar.
-   - No Piero, no hace frío, esos guantes son muy caluroso y tardo un montón en ponértelos. Dale vestite. No tenemos tiempo.
Piero comienza a llorar como cada mañana. No sé por qué me enojo de una manera desmesurada. Me arrepiento. Le propongo que se vista y luego le coloco los guantes. Piero acepta, lo acaricio y le pido disculpas. Piero agrega:
-          Estos guantes son muy lindos Pa, y muy caros, me los regalaste vos. Gracias papi.
Piero conoce los puntos débiles del padre, y aunque los guantes son del invierno pasado sabe qué decir y en qué momento colar sus palabras, el tono, la cara y una gestualidad.
Finalmente llegamos más temprano que lo pronosticado en mi cabeza. Apenas tres familias han llegado a la puerta de la escuela, ésta solo se abre a las 08.00 Hs y se cierra quince minutos más tarde. Fatídica, dictatorialmente. A Piero le gusta llegar primero, lo cual no sucede jamás, hoy y pese a todo estuvimos cerca. En la cola para entrar se producen charlas amigables entre los chicos, entre los padres (excepto yo) educados que forman parte del “grupo de los papis”. A esta hora son todas mujeres, a pie, en bici, con un pibe, con dos, con tres, con dos pibes y un perro, con un perro y una beba, en fin, combinaciones múltiples. Las mujeres conversan, no sé de qué, nunca se cómo hacen para tener tema de conversación, ni para terminar creyendo que a otro le puede interesar eso que están balbuceando. Señores, son las ocho de  la mañana. ¿Hay necesidad de sacar tema porque sí? ¿Hay que hablar sí o sí? Incomprensible.
En esa quietud y en la cierta incomodidad que me habita, sucede algo imprevisto y no previsible. O sí. La pelea comienza cuando uno de los perros de una mami invade el territorio de otro perro callejero que está siempre en la escuela. El primer ataque es solo una amenaza, pero la amenaza no provoca el repliegue del perro invasor, apodado Charly. Charly se planta y entonces lo que era una amenaza se convierte en un certero mordisco en el cogote. Ambos gruñen, muestran sus dientes, son dos perros grandes, de aspecto desagradable ambos, intimidante. Uno lleva el hocico ya blanquecino (como yo) es el dueño de la puerta. Las mamis gritan y al unísono dirigen su mirada hacia mí, el único hombre en la escena. Están en pedo si piensan que voy a intervenir, pienso para mis adentros y un minuto más tarde estoy haciendo algo absurdo y sin convicción.
Los perros se tienen amordazados mutuamente, uno por el cuello, el otro a una pata delantera. Yo les grito, como si eso bastara, “fuera!! basta!!” Todo muy absurdo e inútil. Esto requiere de una actitud y determinación inhabitables en mí. Al menos hoy. En todo este circo he quedado de espaldas a la fila de mujeres que piensan entre sí, “mira este pelotudo no se anima a separar a dos perros” pienso en darme vuelta e increparlas. “Para qué mierda traes a tu perro, me queres decir??” Callo. La puerta no abre pese a que son más de las ocho. Busco un palo para pegarles a ambos, no sea cosa que la mami reclame justicia para su perro. No hay nada. Tomo otra decisión desacertada. Decido tirarle una patada al perro más viejo, pienso que si me ataca será con menos velocidad y ferocidad que si me atacara el perro más joven, alias, Charly. Olvido que el pantalón que llevo puesto es de esos modernos que tiene tiro bajo y tipo babucha, es un jogging, pero tiene estas limitantes. Al lanzar la patada el tiro del pantalón provoca un efecto resorte/inverso, la patada no sale del todo y medio que me tira para atrás, mi pierna queda en el aire y ante todo quedo como un tipo con poca agilidad (cosa discutible), cagón y perdedor (aspectos indiscutibles). Los perros continúan en una pelea bastante más prolongada de lo habitual. Ahora han saltado la zanja y están en un lugar en el que no quepo. Una suerte. Llevo mis manos hacia los bolsillos del pantalón, estoy parado en el medio de la calle, ellos han cruzado la calle en medio de las corridas, fijo preocupación por la integridad física de los animales. Cosa que verdaderamente me chupa un huevo. La mami grita sin moverse un centímetro, junto a la puerta cerrada, “Charly, Charly basta, vení” y después otro infame “Charly, Charly, Charlyyyy, vení, vení, vení” nada de eso surte efecto. Finalmente recojo una piedra y antes de tirársela a uno de los dos, los perros deciden abandonar el combate. Sé que ahora viene lo  peor. ¿Alguien interpelará mi accionar?, limitado por cierto, ¿alguna mami dirá una frase desafortunada? Al girar y quedar de nuevo frente a la cola de padres y niños que pugnan por entrar veo que la cantidad de personas ha aumentado exponencialmente. Veo que hay otros hombres y que todos han decidio no actuar, veo a uno de ellos que es gendarme con cara de “esto se resuelve de otra manera papu” tiene cara de estar vigilando todo el tiempo. Regreso junto a Piero y desafortunadamente, pese a haberle puesto los guantes, es pierito el que lanza:
-          -  Mi papá le tiene miedo a todo.
Otra vez las palabras y las cosas. Como el día que chocamos rumbo al jardín y luego de todo el shock, ver como estaba él, intercambiar datos, pólizas, mientras la lluvia me mojaba, llegando al jardín dijo, “Llegamos tarde por tu culpa” así es este pequeño monstruo.

Luego la puerta se abre, el perro viejo ingresa antes que nadie, Charly se ha ido en otra dirección y al fin me escabullo en la zona gris de mi propio yo.

22 mar 2017

Marcha blanca

Por Nacho Fittipaldi

Escribo desde la emoción y desde un plano en el que los sentimientos y la mirada crítica, hija de mi formación, me atraviesan de manera múltiple y variada. Lo hago desde un lugar de cierta comodidad, sin apremios económicos, casi sin riesgos laborales. Soy privilegiado.
Salir a la calle se convirtió en costumbre durante estos últimos años, desde el 2016 salir a la calle fue sinónimo de protesta. Hoy salir fue sinónimo de desagravio.
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?

El agravio es doloroso pero además debe encender una señal de alarma. Macri no cree en la educación pública no porque sea, supuestamente, ineficiente e ineficaz según los datos de la prueba  Aprender. No está pensando en aquellos que efectivamente no pueden pagar una cuota, para ellos habrá peores noticias. Macri necesita una educación que esté a tono con la re primarización de la economía y con la idea de convertir a la argentina en un enclave geográfico de producción a bajo costo. Necesita que la educación este a disposición de tan indecible fin.
Sobreponerse a la humillación de Macri y Vidal implica un acto de grandeza por parte de padres, alumnos y docentes. El acto de grandeza se produjo hoy. Manifestarse hoy, con la heterogeneidad demostrada, implicó hacer visible lo que hasta ahora solo recaía en Baradel. La ignorancia del presidente y sus socios son una ignominia. El gobierno nacional lo es. Frente a eso hay un colectivo que reivindica conquistas históricas que Macri desconoce profundamente. ¿Cómo se compatibiliza eso, esa disociación entre el presidente y su pueblo? No lo sé. Ese conflicto se está jugando y desatando, este tipo de agravios son mucho más profundos y complejos que lanzar un conjunto de insultos vagos e inexactos al kirchnerismo. Ese esquema es más sencillo aunque también parece haber perdido eficacia. Meterse con la educación pública es ir al hueso de la clase media y por lo tanto al hueso de la historia de la lucha de clases en Argentina.  Entonces las plazas se llenan de docentes y de pibes, de slogan tan eficaces como <<conozco varios nobeles salidos de la educación pública. No conozco a nadie tan bruto salido de una escuela privada como Ud. señor presidente>> Efectivos y breves. U otro que decía, <<Macri, caete en la educación pública que en un año te enseño a leer de corrido>> Pero además hay algo muy significativo que está en el seno de esta cuestión, todos los que nos criamos escuchando que la educación pública es de calidad e inclusiva, que es un derecho, nunca le decimos lo contrario a nuestros hijos. Jamás le enseñamos lo contrario a nuestros alumnos. En cualquier escuela en donde haya habido un desaparecido o un asesinado, o simplemente buena leche, se sabe que los desaparecidos son 30.000. Entonces llega una columna de docentes cuya primera fila luce unos doce guardapolvos blancos con los nombres, la fecha y la cara dibujada de los desaparecidos correspondientes a la seccional de un sindicato determinado. Se me estruja el corazón. Sé que el 24 marcharemos con mis hijos y mi compañera en memoria de aquellos y siento asco por quienes intentan estropear el proceso de construcción colectiva de la memoria.

Veo todos estos pibes que dicen que ellos son la educación pública aunque la operación de prensa sea asimilar eso con algo desdeñable, de baja calidad y solo para aquellos que el mercado nos les permitir ingresar a la educación privada. Es como levantar la mano y decir <<soy un negro de mierda que no puede pagar una privada>> y son millones señor presidente, sépalo, infórmese. Al menos para saber de qué tamaño es la lucha que se propone librar. Sepa también que para dar grandes batallas hacen falta hombres y mujeres con grandeza de espíritu y no veo, honestamente, por dónde le quepa esta cuestión. Disculpas.

Hace unos meses, bromeando, alguien me preguntó, <<¿qué harías si fueras ministro de educación de la nación?>> y respondí que no sabía, que lo único que tenía claro era que replicaría a nivel nacional la mayor cantidad de escuelas de arte posible y pondría tantas orquestas escuela como me fuera permitido. Pensando que la educación tiene que generar sujetos libres y creativos y que esa es la mejor herramienta que un pibe pueda tener. Hoy viendo lo que estos cosos se proponen, de dónde vienen y cómo hablan, lo brutos y crueles que son, vuelvo a regocijarme en mi imposible idea y sueño con eso a diario como alguna vez alguien habrá soñado en una manifestación como la de hoy.