22 oct. 2017

Matar sin disparar

Por Nacho Fittipaldi

Entre el año 2004 y 2007 formé parte del equipo de asesores de la Subsecretaría de formación y capacitación policial, la gestión estaba a cargo de León Arslanián y el gobernador de la Pcia. de BsAs era Felipe Solá. Un poco en broma decíamos que esa subsecretaria era en verdad “de deformación policial”. La cúpula policial así lo creía. En 2008 formé parte de un equipo de investigación que se introdujo en la formación básica (es decir el estudio inicial a partir del cual un sujeto cualquiera se recibe de policía, gendarme o lo que fuere) de la Gendarmería Nacional, Prefectura, Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria por entonces recientemente creada por Néstor Kirchner y dirigida por Marcelo Saín, y las policías del NEA argentino.
Como parte de mis conclusiones a raíz de ambas experiencias puedo concluir de memoria y sin mucho esfuerzo: Los pibes y pibas que se anotan para ser policías o gendarmes lo hacen por necesidad de trabajo y cobertura social; su nivel educativo es entre precario y nulo; su nivel intelectual mediocre; su cultura general pésima; la formación que reciben es insuficiente y muy general, lo cual se agrava debido a que el nivel educativo con el que ingresan es de lamentar; darles un arma de fuego es un riesgo para sí y terceros; su desapego a los derechos humanos (concepción esquiva si las hay) es notorio en relación a las responsabilidades que van a tener por sobre el resto de la sociedad; ello no es algo que la fuerza les inculca necesariamente durante la formación, es curioso. Más bien diría que es algo anterior a ese recorrido, una especie de requisito de ingreso no explicitado, ni escrito; las clases sociales a las que les toca reprimir son las misma a la que pertenecen, con lo cual muchas veces viven en los mismos barrios donde patrullan, reprimen y caminan rumbo al colectivo; la cúpula policial o de las otras fuerzas es tan fasistoide como los pibes que pugnan por recibir sus 9 milímetros reglamentarias; el proceso de formación básica está planteado como una dificultad en sí misma que los “aspirantes”, así los llaman, deben sortear. Si lo sortean con éxito es porque están en condiciones, tiene el don, de ser “agentes del orden”, de lo contrario se ve como natural que abandonen el recorrido. Ello implica que los pibes tratan de soportar todo, cuando digo todo hablo desde abusos sexuales dentro de las escuelas hasta pruebas físicas de indudable riesgo para sus propias vidas. Cierta vez estando en la escuela de suboficiales de Prefectura enviado por el Ministerio de Justica, Seguridad y DDHH de la Nación me tocó presenciar, desde atrás de un arbusto, a escondidas y cagado en las patas, un “baile”. Un baile es una práctica institucional nocturna, puede ser de día también pero de noche son más crueles, que consiste en someter a los pibes al rigor físico encomendado por sus instructores directos. Por ejemplo: Hacerlos bañar con agua fría durante el invierno y sacarlos a correr semi desnudos, hacerlos hacer flexiones de brazo como si fueran Vin Diesel o Serafin Dengra, salto lagartija, subir un cerro en plena madrugada y cosas por el estilo. En esos ejercicios que, durante la tarde las autoridades me habían negado su continuidad (durante muchísimos años fueron naturales e institucionalmente aceptadas, el tiempo político de la época les indicaba lo contrario), los pibes y pibas son arruinados física y psíquicamente. No hay manera de decir “no puedo más” o “tengo frío”. La relación entre esas prácticas y su rol como “agentes del orden” es, como se comprenderá, nula. Según las autoridades sirven para forjar el carácter. Yo creo que generan fieras. Esas prácticas hacen que los sujetos que egresan como policías, y las fuerzas federales de seguridad, sean tremendamente resentidos y violentos. Son formados en espacios hostiles, de violencia institucional y de no respeto hacia el otro, el vínculo con el otro está mediado por la jerarquía que cada uno ostenta dentro de la fuerza. Bien. ¿Cómo creen que se posiciona la cúpula de estas fuerzas cuando reciben el mensaje que todo vale enviado por el Poder Ejecutivo Nacional y/o Provincial? ¿Cómo creen que actúan las bases una vez que la cúpula pasa el mensaje? ¿Que creen Uds. que sucede cuando uno de estos pibes sale a patrullar el conurbano, o es enviado a desalojar una fábrica tomada, o a terminar un piquete en la ruta 40 en la zona entre Esquel y El Bolsón? ¿Qué creen que sucede y cómo accionan cuando tienen la posibilidad de invertir ese rol pasivo al que han sido sometidos durante su formación básica y durante toda la vida institucional?  ¿Cómo creen que actúan los suboficiales de Gendarmería, la jerarquía más baja de la suboficialidad, esos sin estudio, sin apego a la ley, esos sometidos sin cultura, sin redención, sin raciocinio y sin corazón cuando salen a cazar a personas sin armas, cuando tirotean, apedrean, hostigan a unos iguales a los suyos? ¿Cómo creen que se comportan?

Con 15º grados bajo cero, con un río de deshielo en pleno invierno, tal vez un disparo no sea necesario. Cuando el río es un arma líquida tal vez no haga falta disparar a la cabeza.        

18 oct. 2017

Piedad

Por Nacho Fittipaldi

¿Tienen hijos? Los que hicieron esto, los que lo concretaron materialmente ¿tienen hijos? Los que montaron la escena, los que pensaron el día, la hora del día, los que dijeron “Ahora”, los que pasaron el mensaje y dijeron “Ya está hecho”, ¿tienen hijos, tienen sobrinos, quieren a alguien? ¿Le vas a explicar a Antonia esto que hiciste? ¿Es posible salir a la calle y no buscar en los ojos del vecino un rasgo, o síntoma, de empatía o perseguirse con que el otro es cómplice en algún sentido de todo este infierno? ¿No somos todos un poco cómplices? ¿Hasta dónde una sociedad puede resquebrajarse? ¿Cuál es el bajo fondo sociopolítico en el que el perdón nos exime de culpa?
 Mientras escribo Piero corretea por el parque, se esconde detrás de una corona de novia florecida mientras aguarda la llegada de su hermano para asustarlo. Llega por correo una oferta de una vinería, anuncia un “2x1” imperdible, incluye vinos importados. Todo es así de volátil, así de fugaz, así de intrascendente. Así de superpuesto. Así de Supertramp. En un rato debo llevar a Piero a natación y buscaré entre los ojos de los padres a padres cómplices, a padres que como yo busquen en mis ojos alguien con quien decir “¿Viste lo de Maldonado?” Maldonado será un rostro que no olvidaremos, como en su momento Julio López pero fuera de la era de las redes sociales. Maldonado será, es, un rostro que solo la fauna  del río puede borrar. Veo ese rostro carcomido y me pregunto  ¿qué te hicieron?, es raro sentir piedad y dolor por no poder reconocer un rostro desconocido y a la vez tan cotidiano. Todo eso que te falta, ojos, nariz, orejas, ¿todo eso es mera acción de descomposición? ¿Te torturaron? ¿Te mutilaron? Si hasta el propio Piero me preguntó hace unos días atrás “¿cómo puede ser que Santiago Maldonado esté en todos lados?” ¿Cómo sigue una sociedad después de algo así? ¿Cómo sigue una sociedad si esa sociedad no registra una interpelación colectiva que ponga de manifiesto su convencimiento de que este es un límite concreto? Y no porque no haya habido desapariciones forzadas antes de Macri, si no por el tratamiento que esto tuvo, por el cinismo, por la defensa cerrada del Poder Ejecutivo Nacional, por el penoso silencio de Das Neves, por la desdorosa actuación del Juez Otranto. ¿Ese tipo es la voz de la ley? Los militares demoraron sus años en burlarse públicamente de sus víctimas. Macri y sus bandidos urbanos se burlan de nosotros on line hace 78 días. ¿Cuantos días contabilizarán como desparecido a Santiago? ¿78? Es decir hasta el día que apareció su cadáver, o 79, u 80 hasta el día que lo reconozcan científicamente como Santiago Maldonado? ¿Cuánto puede soportar un ser humano antes de responder brutalmente  al escarnio público? ¿Cómo se explica la respuesta pacifica de las abuelas, la desmesurada paciencia, tesón y paz de la familia Maldonado? ¿En qué momento como sociedad aceptamos que el cinismo sea la variable principal de la política pública? ¿Es tan complejo asumir el error de haber votado a estos tipos? ¿Hay alguien que pueda decir “me arrepiento” o siguen sosteniendo que cualquier cosa es mejor a Cristina? ¿En serio? ¿Les parece que lo de Nisman y Mariano Ferreyra, por poner casos emblemáticos con los que se regodean los antikirchneristas, son parecidos a esto? ¿Este cambio, en este sentido era necesario? ¿Es tan complejo y problemático pedirles que por el bien del país se vayan? Pero no lo digo de golpista, o antinstitucionalista, si no hicieran cosas como estas podrían culminar su mandato, hacer mierda el país, empobrecerlo, desguazarlo, entregarlo al capital trasnacional, pero hacen cosas como estas. Entonces No. Y si queres no pido, ni siquiera sé si quiero que vuelva Cristina, pero este nivel de cinismo, de demencia, persecución política, judicial y mediática, el odio, no puede ser nunca provechoso para un país. ¿Cómo le explico yo a mi hijo lo que hicieron con Santiago? ¿Cómo les explico el rol del Estado a mis alumnos ante tamaña atrocidad. ¿Cómo se constituye una sociedad, sus representaciones, ante el rol que juegan los medios de comunicación y sus estrellitas periodísticas? De esto no hay retorno hermano. ¿Es que no sienten pudor antes de decir lo que dicen? ¿No piensan en sus hijos antes de decir las cosas ponzoñosas que dicen o sugieren? ¿Tienen hijos? ¿Quién pergeña las estrategias para trasformar a las víctimas en culpables? ¿Desde cuándo la tradición Mapuche esconde cadáveres 78 días para arrojarlo en el patio de sus ranchos para influir en la elección de la provincia de BsAs? ¿Esa es la genialidad que pensaron? Ahora llega otra oferta, esta vez es Mercado Libre diciendo que aparecieron las antiparras que estaba buscando. Y todo es así. Juan Manuel Urtubey no es capaz de suspender el acto por el día de la lealtad en Salta. Buena madera. ¿Cómo se explica el silencio de los grupos de wapp en donde se supone que todos pensamos más o menos parecido y tenemos convicciones similares? ¿Hasta dónde llega el adormecimiento? No sé cómo llegamos hasta acá. No tengo idea de cómo vamos a salir. Pero tengo la certeza que si de acá no salimos con alguna gesta colectiva, inaugural, este episodio es simbólicamente superior a cualquier reforma del estado que quieran promover. Si nos dejamos vencer en esta, no habrá nada (pero nada eh) que no puedan hacer con la docilidad complice del pueblo. Reitero: Me inquieta pensar qué no están dispuestos a hacer, me da pavor cuáles son sus fines. Mientras pensamos racionalmente la política, estos muchachos piensan y actúan como desquiciados.  

PD: “No sé si vas a caer, solo sé que el amor es tenaz y vuelve a salir como el sol” León Gieco 

28 ago. 2017

Hurto

Por Nacho Fittipaldi


El adolescente de gorrita y capucha viaja en un vagón contiguo al mío. Desde mi asiento lo veo nervioso, mover los dedos sobre el caño de donde la gente se sujeta como un pianista repasar su ejecución. Los pasajeros viajan distraídos, esa es su ventaja. El tren tiene doce estaciones intermedias entre Villa Elisa y Constitución, cada una es su oportunidad. Los celulares son la perdición de la plebe, todos desean uno mejor, las empresas brindan tantas oportunidades como subjetividades hay en el universo. Micaela lleva consigo un celular último modelo que está haciendo babear al chico encapuchado. Él la tiene en la mira. El tren llega a Ezpeleta, las puertas se abren, Micaela mira su celular acaso como si algo novedoso encontrara allí. Las puertas del tren eléctrico se abren y cierran con la misma frecuencia, siempre. El muchacho tiene ese tiempo registrado en su cerebro como una contraseña bancaria. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…Se pone de pie con una plasticidad digna de ser captada por una cámara para advertir los curiosos ángulos que conforman ahora sus miembros. Da dos pasos, quita el celular de las manos de Mica, se dirige a la puerta, diez, once, y está afuera. La puerta cerrada, él sobre el andén, Mica adentro mirándolo por la ventana. Casi sin indignación. Él ni siquiera corre, no hace falta, el tren es el que toma envión y se esfuma. Casi nadie ha visto nada.

Al día siguiente subo al mismo tren, elijo un asiento de los del medio, los que más distancia tienen con las puertas. Miro a mí alrededor buscando posibles “descuidistas”. El tren presenta la mitad de los asientos mirando hacia un lado y la otra mitad hacia el otro, detrás mío queda una mitad, como el lado oscuro de la luna, a la que no puedo ver. La formación arranca y toma velocidad. En estos trenes nuevos el silencio es novedad. Miro por la ventana, leo, observo todo. No hay sitio donde estarse tranquilo. El conurbano es una cartografía que requiere atención. El tren frena en la estación Bernal. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, siento en mi brazo ese tirón que reconozco de la pesca, cuando el pez toma la carnada y el anzuelo, intenta huir pero está parcialmente sujeto a esa punta que le ha perforado la carne. El chico con capucha me ha pescado, huye hacia la puerta, diez, once, doce. Entonces grito “Te lo regalo…!!! –el joven mira sorprendido- el libro que me sacaste te lo regalo, repito. El muchacho mira su mano y ve que ha tomado un libro y no un celular. Esta sobre el andén, el tren se va, él no corre ni huye, al mirarme levanta el libro en lo alto, como un trofeo de guerra o como sugiriendo que lo va a leer. 

17 ago. 2017

Los 35%, los 65%

Por Nacho Fittipaldi 

Una desaparición forzada, una detenida política, despidos como para hacer dulce, represión preventiva, ajuste, aumento exponencial de la deuda externa, sub-ejecución presupuestaria, bono a 100 años, Lebacs de incierto futuro, aumento de la pobreza e indigencia, disminución de la decencia, etc. Nada de eso parece hacer mella en el electorado que eligió a Cambiemos en la provincia de Bs.As. ¿Es eso así? Este es un primer punto a discutir. ¿Podemos afirmar que todo lo que queda por fuera del 35% de Esteban Bulrrich es un voto opositor? A mi humilde entender no. Efectivamente hay un 65% que no votó por Cambiemos pero ese universo es de compleja y heterogénea composición. Tal vez sea conveniente especificar el enunciado. Tal vez sean opositores, estén disconformes con el modelo económico pero esa supuesta homogeneidad no se sostiene cuando hablamos de los dirigentes opositores que también encabezan el rechazo al modelo económico. Digamos, el voto que no fue a Cambiemos y que no es kirchnerista, rechaza el modelo económico-político pero también rechaza a Cristina.  
Por otro lado, el votante de Massa, ese que acompañó gran parte de las medidas de gobierno en el Congreso de la Nación, no puede categorizarse como un voto tajantemente opositor. Excepto que desconozca el hecho objetivo de que el massismo co-gobierna la legislatura bonaerense; y en segundo lugar porque no se ha desmarcado a nivel nacional del rumbo tomado. Las urnas así lo demuestran. El voto a la izquierda, Unidad Ciudadana e incluso el voto a Randazzo es en cambio un voto en contra a las políticas de gobierno.
El votante de Cambiemos escoge sostener la confianza en el gobierno basándose en las políticas implementadas, las expectativas y sobre todo un profundo rechazo a la figura de Cristina que es recapturada una y otra vez como un pasado al que conviene tener siempre cerca para exorcizar. Pero más allá del análisis electoral quería llevar el análisis a un punto más cualitativo, algo más difuso y por tanto endeble. Un punto de análisis que abarca el profundo cambio cultural que Macri propone y la empatía que genera en sectores que son, y serán, la variable de ajuste del modelo.
La realidad discursiva de Cambiemos es la mayor construcción política de la que pueden dar cuenta. Para ello es necesario e ineludible la cooperación de las corporaciones económicas y mediáticas; la estética cuidada; la direccionalidad discursiva; el mensaje; y la plataforma sobre la que ese discurso trabaja. Esa plataforma encuentra una base ciertamente real que es lo que el kirchnerismo ha dejado como cierto. Un regalo, una parcialidad. Esto no implica negar los muchísimos logros del Kirchnerismo pero sí relativizarlos. En esa relativización es donde comienza a tallar el discurso de Cambiemos, allí debemos encontrar algunas de las explicaciones que permitan explicar el último resultado electoral, independientemente de que Cristina gane por un punto o pierda por medio. Mientras se acepta esa relativización, las corporaciones mediáticas y sus periodistas devenidos en dirigentes políticos agotan su tratamiento en cuanto medio es posible. Pongamos un ejemplo. El dato de pobreza: ¿Es cierto que Macri aumentó la pobreza? Sí. ¿Es cierto que Cristina concluyó su mandato habiendo entre un 25% y un 30% de pobres en Argentina? Esa es una respuesta que no podemos confirmar. No sé. La respuesta sería un SI, relativo. Y un NO, relativo. En principio la trampa está plantada por el propio kirchnerismo, al no haber datos de aquél INDEC la discusión está vedada, viciada. Al no poder dar la discusión objetivamente (si es que hay datos objetivos) entonces hemos perdido esa discusión, o al menos se le ha concedido a Cambiemos la posibilidad de que esa contra argumentación sea esgrimida. Lo mismo sucede con las estadísticas de inflación, y por fuera del INDEC, con las de seguridad pública. ¿Ello niega la disminución de la pobreza entre 2003 y 2015? De ninguna manera, pero lo relativiza profundamente, lo bastardea. El punto es que un gobierno que se suponía inclusivo, como lo fue el kirchnerismo, sale perdiendo o empatando una discusión en la que se creía vencedor. La discusión mediática está perdida. Esa verdad relativa es diseminada por doquier. Ahora bien, el discurso de Cambiemos trabaja sobre hechos como esos, de los que hay varios mas, y sobre otras ficciones que construyen hechos. Digamos, la discusión sobre el financiamiento de la empresa ARSAT forma parte de algo totalmente periférico que no se juega electoralmente. La idea de pobreza, servicios, trasporte, y obra pública son ideas y conceptos más concretos y visibles. El 35% de votos de Cristina asume que en esos ítems el gobierno anterior hizo más que el actual, no la vota solo por eso, pero supone que lo anterior es consecuencia virtuosa de un modelo “Nac&Pop”. Dicho esto cabe plantear que Cambiemos, y en especial Vidal, toma esos mismos ítems y plantea lo inverso. Hace 25 años que no se hace nada de nada. Hasta Cafiero llega la pesada herencia. La confrontación es total e irreconciliable. Por lo tanto el análisis de lo estrictamente político excede lo eminentemente político. Se llega así a un terreno en el que la construcción del voto se constituye a partir de los indicadores mencionados, matizados por la relativización de sentidos que toda representación implica. Una representación de sentidos que está atravesada por el género, la edad, la formación educativa, la experiencia frente a los hechos históricos, los prejuicios, la coyuntura. En ese esquema, hoy por hoy, hay un empate. Atención, es un empate 35% a 35%, entre Cambiemos y Cristina, y no sirve pensar aquel 65% como una unidad, no se destraba por la sumatoria de los votos de Massa, Randazzo y los otros. En todo caso también se podría decir que el 65% del electorado no eligió a Cristina y que ese 65% relativiza los logros del kirchnerismo que el núcleo duro de Cristina entiende como concretos. La disputa es entre un modelo neoliberal y otro que no lo es. Un modelo que ajusta y que es felicitado por los organismos internacionales de crédito; y a su vez NO fue castigado electoralmente por los ajustados como uno hubiera creído. Por lo tanto no hay razones para pensar que el ajuste cesará, más bien lo contrario. El 35% que no voto ni a Unidad Ciudadana ni a Cambiemos decide la elección de octubre, otra vez como en 2015.
El cambio de Cambiemos es un pase mágico. Es deteriorar las cosas sin hacer de eso una tragedia griega. Es una venta constante de expectativas que solo es posible bajo, al menos, dos condiciones básicas, a) ejecutar el truco a la perfección; b) que la experiencia del pasado no haya sido tan positiva como la minoría intensa del kirchnerismo cree y que los rasgos más deleznables adjudicados a Cristina afloren una y otra vez. Esto es algo que hasta ella misma ha entendido, de allí el cambio de estrategia electoral. De allí que no alcance para octubre bajo las condiciones que hoy le aseguran ese 35%. La experiencia cultural de Cambiemos explota como nadie ese sesgo de verdad sobre una porción determinada de la población bonaerense. El problema no es que eso sea así, el problema es que ese pliegue, o rizoma, va en aumento en el territorio nacional. Como dijo el patético Gustavo Noriega el lunes pasado ante la pregunta de si le gustaba este gobierno, o no. Noriega respondió, “Hay cosas que me gustan y cosas que no. Pero este gobierno a diferencia del anterior, me sacó la política de la espalda. No me obliga a problematizar todo, a darle un sentido político a cada cosa” Ese hartazgo que expresa el periodista es una definición banal que él puede permitirse dado que tiene la barriga llena. Pero sin embargo no debiera pasar por alto un claro contraste entre Cristina y el presidente con problemas de lectoescritura. Por imposibilidad y estrategia, Macri ha aplanado de sentido la política y la historia nacional. La infantilización de sus argumentos se desparrama por cada uno de los ítems que abarca, su punto más alto de intelectualidad es al hablar de futbol y eso, a diferencia de Cristina, genera más empatía que odio. De eso se trata. Sobre un terreno fértil, la construcción de una estrategia. 

La disputa entre un modelo neoliberal en lo económico y conservador en lo político-cultural versus el modelo “Nac&Pop”, reconoce un campo más: El respeto a la voluntad popular. Este modelo neoliberal es un modelo con muchos votos a nivel nacional que aun no le garantiza una mayoría electoral ni parlamentaria. Ganar una elección es mejor que perderla. Perder una elección es mejor que evitarla, suspenderla,  perderla o prohibirla. La oposición no kirchnerista aparece escabullida de la primera plana mediática a la que recurrieron incasablemente hasta antes de las elecciones. Hoy que el escrutinio muestra irregularidades que rozan el fraude, su silencio y falta de compromiso es otra manera de mostrar su odio hacia Cristina y una sutil cercanía y defensa del modelo económico y político por fuera del ámbito parlamentario.

8 jul. 2017

Aristimuño, el gran versionador

Por Nacho Fittipaldi


Tal vez a Lisandro Aristimuño sea junto con Aca Seca y el Chango Spasiuk, los artistas a los que más veces he ido a ver, agrego también a Tabaré Cardozo. Esa repitencia responde a órdenes distintas. Aristimuño es a mí, modestísimo entender, desde hace muchos años el músico argentino de la escena pop-rock con mayor proyección, mayor presente y con un futuro arriesgado e impredecible. Todo depende de él. El éxito tan temprano puede ser un riesgo enorme.
Ayer en el Coliseo Podestá en medio de una noche inclemente, asistimos otra vez a una gala musical con muchísimos antecedentes en mi biografía personal que lo tienen a él como protagonista recurrente. Aristimuño además de ser un compositor muy respetable es básicamente un orquestador y el mejor versionista de sí mismo. Por eso vuelvo a verlo cada vez. Ejemplo: Hace unos años había comprado entradas para verlo en el ND Ateneo (por entonces se llamaba así), la fecha era de viernes. Por casualidad unos amigos me habían regalado entradas para verlo al día siguiente en La Plata. Y eso que podía haber implicado un terrible fastidio por ver dos veces el mismo show se convirtió en una extraordinaria lección. Resulta que el muchacho tímido y algo vanidoso del sur tenía dos shows completamente distintos en donde no solo no repetía el repertorio sino que además los arreglos eran totalmente distintos a los de sus grabaciones en estudio y los del día anterior. Esta lógica quedó comprobada cuando él comentó en una entrevista  que tenían tres shows distintos ensayados con su banda. Claro, luego de verlo al menos una vez por año desde hace  diez, esto podría implicar para Uds. que leen, suponer que nada podría resultarme novedoso u original. Y ese es exactamente el punto. Cada vez que vi un recital suyo había algo nuevo para destacar, o los arreglos de su voz, o las del coro, o el sobresaliente cuarteto de cuerdas que ahora parece haber abandonado y remplazado por un teclado y con la presencia del bajo más que la del chelo. Ese enroque, tal vez tenga sus consecuencias. O a veces la presencia más marcada de las guitarras eléctricas, o simplemente mayor presencia suya como solista para interpretar canciones melódicas, o a veces no y entonces la faceta mas rockera de la banda aparece con una potencia inusual para un octeto que mixtura la batería de un power trío con las sutilezas de la viola y el violín, y la distorsión de la electrónica que jamás desentona. Una conquista suya.

Pero ayer había otra cosa en juego, después del desmesurado  Mundo Anfibio y de sus sucesivos grandes Gran Rex, (la historia de la música en algún momento dirá “te acordas de los Gran Rex de Aristimuño??” y eso será como evocar los Luna Park de Sui Generis, tal vez) mi pregunta era qué más puede hacer. Pues bien, lo que vino fue Constelaciones y para mi modesto gusto lo que vino no era superior a Mundo Anfibio. Esto es subjetividad pura, quiero decir que la música, las canciones, los climas, los arreglos, etc. no me llegaban ni me poseían como lo anterior. Aclaración: en un cd con diez temas hay al menos cinco que son geniales. Y aquí hay otro acto de injustica. Diría, si queres saber quién es Aristimuño anda a verlo en vivo, y si podés andá al Gran Rex. Nada es igual después de eso, incluso para él. Creo que es su propia trampa y limite. Y ayer lo hizo de vuelta, otra vez ahí, sentado con cierta angustia por saber que lo que iba a ver no me satisfacería si se despachaba con todo el nuevo material, aun habiendo oído su ultimo Cd una vez por día, durante veinte, para poder apreciar mejor lo que desde el día de mi cumpleaños sabia era mi regalo.
Ayer desbordó otra vez, nuevamente su banda se puso por delante de su reciente e infame estrellato, a manos de chicas que no aguantan callarse la boca y gritarle “te amo” al alguien que parece despreciar esas manifestaciones. El recital de ayer estuvo marcado por un juego de luces (qué antigüedad) que colaboró en un clima intimista por momentos, él solo con su guitarra, susurrando palabras entre luces blancas que proyectan su figura sobre el techo del teatro, son como fantasmas de la opera encontrando la butaca donde sentarse y disfrutar. También son las prolongadas introducciones que ejecutan sin haber qué canción arranca dado que aquí todo está permitido y las introducciones son canciones instrumentales en sí mismas; o la sutileza de un teclado demasiado bajo quizá, pero que cuando se oye suena precioso. O esa sonoridad total que llega con Plug del Sur, o En mí, y entonces estoy contra la butaca, con la cara desdibujada como un niño nuevamente engañado, como un adolescente que pese a su creencia madura ha quedado atrapado por el mago, intentando descubrir el truco. Ese riesgo es el suyo, y lo somete al infinito a reversionarse una vez más, cada vez, siempre que se presente sin ánimo de repetirse. Su inigualable virtud. Ser uno distinto cada vez. Reitero, él es su mejor versionador. ¿Cuantas veces puede superarse a sí mismo sin falsearse? ¿Cuántas veces un artista puede hacer su mejor libro, su mejor cuadro, superarse, una y otra vez? Él parece tener la formula, la paleta, las hojas, el brillo, la pelota ideal para el mejor gol, la musa oportuna, el paisaje ideal para lograrlo cada vez.
La muestra cabal de todo lo aquí dicho es que por primera vez en mi vida, he visto a uno de los agentes de seguridad del teatro, un mono de dos metros, cantar, aplaudir, reírse, bailar en el pasillo del teatro, más preocupado por el disfrute personal y colectivo que por la seguridad.

Aristimuño lo había hecho otra vez adelante de todos, de la galera había sacado un conejo azul, con ojos rojizos y preocupado, como queriendo volver al plano de donde lo habían sacado.

30 mar. 2017

Mañana silvestre

Por Nacho Fittipaldi


Cada mañana termina en un combate. Por la ropa, por el desayuno, por la tele, por los horarios. Piero y Sabino comenzaron a disfrutarse y eso es también una disputa horizontal, constante. Hoy me toca a mí. Piero pide:
-          -  ¿Papá me pones los guantes?
Afuera hace 25 grados, son las 07.45 hs de la mañana, el tiempo apremia, Piero está en pijama,  falta que se lave los dientes, sacar el auto, subirlo, atarlo, cerrar el portón, llevarlo a la escuela  y recién allí podré ir a nadar.
-   - No Piero, no hace frío, esos guantes son muy caluroso y tardo un montón en ponértelos. Dale vestite. No tenemos tiempo.
Piero comienza a llorar como cada mañana. No sé por qué me enojo de una manera desmesurada. Me arrepiento. Le propongo que se vista y luego le coloco los guantes. Piero acepta, lo acaricio y le pido disculpas. Piero agrega:
-          Estos guantes son muy lindos Pa, y muy caros, me los regalaste vos. Gracias papi.
Piero conoce los puntos débiles del padre, y aunque los guantes son del invierno pasado sabe qué decir y en qué momento colar sus palabras, el tono, la cara y una gestualidad.
Finalmente llegamos más temprano que lo pronosticado en mi cabeza. Apenas tres familias han llegado a la puerta de la escuela, ésta solo se abre a las 08.00 Hs y se cierra quince minutos más tarde. Fatídica, dictatorialmente. A Piero le gusta llegar primero, lo cual no sucede jamás, hoy y pese a todo estuvimos cerca. En la cola para entrar se producen charlas amigables entre los chicos, entre los padres (excepto yo) educados que forman parte del “grupo de los papis”. A esta hora son todas mujeres, a pie, en bici, con un pibe, con dos, con tres, con dos pibes y un perro, con un perro y una beba, en fin, combinaciones múltiples. Las mujeres conversan, no sé de qué, nunca se cómo hacen para tener tema de conversación, ni para terminar creyendo que a otro le puede interesar eso que están balbuceando. Señores, son las ocho de  la mañana. ¿Hay necesidad de sacar tema porque sí? ¿Hay que hablar sí o sí? Incomprensible.
En esa quietud y en la cierta incomodidad que me habita, sucede algo imprevisto y no previsible. O sí. La pelea comienza cuando uno de los perros de una mami invade el territorio de otro perro callejero que está siempre en la escuela. El primer ataque es solo una amenaza, pero la amenaza no provoca el repliegue del perro invasor, apodado Charly. Charly se planta y entonces lo que era una amenaza se convierte en un certero mordisco en el cogote. Ambos gruñen, muestran sus dientes, son dos perros grandes, de aspecto desagradable ambos, intimidante. Uno lleva el hocico ya blanquecino (como yo) es el dueño de la puerta. Las mamis gritan y al unísono dirigen su mirada hacia mí, el único hombre en la escena. Están en pedo si piensan que voy a intervenir, pienso para mis adentros y un minuto más tarde estoy haciendo algo absurdo y sin convicción.
Los perros se tienen amordazados mutuamente, uno por el cuello, el otro a una pata delantera. Yo les grito, como si eso bastara, “fuera!! basta!!” Todo muy absurdo e inútil. Esto requiere de una actitud y determinación inhabitables en mí. Al menos hoy. En todo este circo he quedado de espaldas a la fila de mujeres que piensan entre sí, “mira este pelotudo no se anima a separar a dos perros” pienso en darme vuelta e increparlas. “Para qué mierda traes a tu perro, me queres decir??” Callo. La puerta no abre pese a que son más de las ocho. Busco un palo para pegarles a ambos, no sea cosa que la mami reclame justicia para su perro. No hay nada. Tomo otra decisión desacertada. Decido tirarle una patada al perro más viejo, pienso que si me ataca será con menos velocidad y ferocidad que si me atacara el perro más joven, alias, Charly. Olvido que el pantalón que llevo puesto es de esos modernos que tiene tiro bajo y tipo babucha, es un jogging, pero tiene estas limitantes. Al lanzar la patada el tiro del pantalón provoca un efecto resorte/inverso, la patada no sale del todo y medio que me tira para atrás, mi pierna queda en el aire y ante todo quedo como un tipo con poca agilidad (cosa discutible), cagón y perdedor (aspectos indiscutibles). Los perros continúan en una pelea bastante más prolongada de lo habitual. Ahora han saltado la zanja y están en un lugar en el que no quepo. Una suerte. Llevo mis manos hacia los bolsillos del pantalón, estoy parado en el medio de la calle, ellos han cruzado la calle en medio de las corridas, fijo preocupación por la integridad física de los animales. Cosa que verdaderamente me chupa un huevo. La mami grita sin moverse un centímetro, junto a la puerta cerrada, “Charly, Charly basta, vení” y después otro infame “Charly, Charly, Charlyyyy, vení, vení, vení” nada de eso surte efecto. Finalmente recojo una piedra y antes de tirársela a uno de los dos, los perros deciden abandonar el combate. Sé que ahora viene lo  peor. ¿Alguien interpelará mi accionar?, limitado por cierto, ¿alguna mami dirá una frase desafortunada? Al girar y quedar de nuevo frente a la cola de padres y niños que pugnan por entrar veo que la cantidad de personas ha aumentado exponencialmente. Veo que hay otros hombres y que todos han decidio no actuar, veo a uno de ellos que es gendarme con cara de “esto se resuelve de otra manera papu” tiene cara de estar vigilando todo el tiempo. Regreso junto a Piero y desafortunadamente, pese a haberle puesto los guantes, es pierito el que lanza:
-          -  Mi papá le tiene miedo a todo.
Otra vez las palabras y las cosas. Como el día que chocamos rumbo al jardín y luego de todo el shock, ver como estaba él, intercambiar datos, pólizas, mientras la lluvia me mojaba, llegando al jardín dijo, “Llegamos tarde por tu culpa” así es este pequeño monstruo.

Luego la puerta se abre, el perro viejo ingresa antes que nadie, Charly se ha ido en otra dirección y al fin me escabullo en la zona gris de mi propio yo.

22 mar. 2017

Marcha blanca

Por Nacho Fittipaldi

Escribo desde la emoción y desde un plano en el que los sentimientos y la mirada crítica, hija de mi formación, me atraviesan de manera múltiple y variada. Lo hago desde un lugar de cierta comodidad, sin apremios económicos, casi sin riesgos laborales. Soy privilegiado.
Salir a la calle se convirtió en costumbre durante estos últimos años, desde el 2016 salir a la calle fue sinónimo de protesta. Hoy salir fue sinónimo de desagravio.
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?

El agravio es doloroso pero además debe encender una señal de alarma. Macri no cree en la educación pública no porque sea, supuestamente, ineficiente e ineficaz según los datos de la prueba  Aprender. No está pensando en aquellos que efectivamente no pueden pagar una cuota, para ellos habrá peores noticias. Macri necesita una educación que esté a tono con la re primarización de la economía y con la idea de convertir a la argentina en un enclave geográfico de producción a bajo costo. Necesita que la educación este a disposición de tan indecible fin.
Sobreponerse a la humillación de Macri y Vidal implica un acto de grandeza por parte de padres, alumnos y docentes. El acto de grandeza se produjo hoy. Manifestarse hoy, con la heterogeneidad demostrada, implicó hacer visible lo que hasta ahora solo recaía en Baradel. La ignorancia del presidente y sus socios son una ignominia. El gobierno nacional lo es. Frente a eso hay un colectivo que reivindica conquistas históricas que Macri desconoce profundamente. ¿Cómo se compatibiliza eso, esa disociación entre el presidente y su pueblo? No lo sé. Ese conflicto se está jugando y desatando, este tipo de agravios son mucho más profundos y complejos que lanzar un conjunto de insultos vagos e inexactos al kirchnerismo. Ese esquema es más sencillo aunque también parece haber perdido eficacia. Meterse con la educación pública es ir al hueso de la clase media y por lo tanto al hueso de la historia de la lucha de clases en Argentina.  Entonces las plazas se llenan de docentes y de pibes, de slogan tan eficaces como <<conozco varios nobeles salidos de la educación pública. No conozco a nadie tan bruto salido de una escuela privada como Ud. señor presidente>> Efectivos y breves. U otro que decía, <<Macri, caete en la educación pública que en un año te enseño a leer de corrido>> Pero además hay algo muy significativo que está en el seno de esta cuestión, todos los que nos criamos escuchando que la educación pública es de calidad e inclusiva, que es un derecho, nunca le decimos lo contrario a nuestros hijos. Jamás le enseñamos lo contrario a nuestros alumnos. En cualquier escuela en donde haya habido un desaparecido o un asesinado, o simplemente buena leche, se sabe que los desaparecidos son 30.000. Entonces llega una columna de docentes cuya primera fila luce unos doce guardapolvos blancos con los nombres, la fecha y la cara dibujada de los desaparecidos correspondientes a la seccional de un sindicato determinado. Se me estruja el corazón. Sé que el 24 marcharemos con mis hijos y mi compañera en memoria de aquellos y siento asco por quienes intentan estropear el proceso de construcción colectiva de la memoria.

Veo todos estos pibes que dicen que ellos son la educación pública aunque la operación de prensa sea asimilar eso con algo desdeñable, de baja calidad y solo para aquellos que el mercado nos les permitir ingresar a la educación privada. Es como levantar la mano y decir <<soy un negro de mierda que no puede pagar una privada>> y son millones señor presidente, sépalo, infórmese. Al menos para saber de qué tamaño es la lucha que se propone librar. Sepa también que para dar grandes batallas hacen falta hombres y mujeres con grandeza de espíritu y no veo, honestamente, por dónde le quepa esta cuestión. Disculpas.

Hace unos meses, bromeando, alguien me preguntó, <<¿qué harías si fueras ministro de educación de la nación?>> y respondí que no sabía, que lo único que tenía claro era que replicaría a nivel nacional la mayor cantidad de escuelas de arte posible y pondría tantas orquestas escuela como me fuera permitido. Pensando que la educación tiene que generar sujetos libres y creativos y que esa es la mejor herramienta que un pibe pueda tener. Hoy viendo lo que estos cosos se proponen, de dónde vienen y cómo hablan, lo brutos y crueles que son, vuelvo a regocijarme en mi imposible idea y sueño con eso a diario como alguna vez alguien habrá soñado en una manifestación como la de hoy.