18 dic. 2017

La pileta mas grande de la Argentina

Por Nacho Fittipaldi


Suena la alarma. Eso quiere decir dos cosas: Pao se quedó dormida; son las 05.05 de la madrugada. Mi alarma era el reaseguro de no quedarme dormido justo hoy. Afuera llueve y es día domingo. El clima de la noche previa y éste, son idénticos a la noche previa de los 20 km en San Pedro. ¿Un presagio? Ya pasaron quince días de aquello y mi cuerpo recién esta semana comienza a acomodarse. En estos días, nadar fue como acomodar una serie de ideas y movimientos mecánicos que luego de aquello fueron puestos en duda. Es domingo, día familiar. Para cualquier persona normal esto es una locura, para nosotros es ponerle fin a un año extraordinario y brilloso como una pieza de plata recién lustrada. Afuera el clima es inclemente, llueve y hay 18º. Un té, dos tostadas, media banana y estoy en el auto rumbo a Poseidón. Según se ha acordado 6,15 Hs es el horario de reunión para salir hacia el CeNARD. Busco la música que cada día escucho antes de entrenar, trato de encontrar referencias conocidas que me lleven tranquilidad, templanza y disponerme a disfrutar. Para mi sorpresa, aunque comienza a ser constancia, no estoy nervioso. Lo de hoy es para disfrutar y no pienso enrroscarme en la lógica del cronometro que es cruel e injusta. O por muy justa: Cruel.  Tal vez ese sea el principal secreto de este año que termina para mí como ningún otro.

Es la octava y última fecha del torneo metropolitano y Poseidón va primero, secundado por Universitario de La Plata que en la séptima fecha se acercó demasiado. Pero esta crónica no es un relato sobre un triunfo especifico, ni colectivo. Este texto busca poner en palabras una experiencia personal, la de 2017, pero que a su vez es la historia de mis últimos años de vida en donde Poseidón, esa pileta de barrio, estuvo siempre presente, tanto por el placer que me da ir a nadar, como la angustia que me generó los meses o años en los que nadar con frecuencia se hizo imposible. Esa angustia, esos kilos de más, ese exceso de toxinas en el cuerpo y el cerebro es lo que hoy, en un sentido exactamente inverso, tengo para celebrar.
Empecé a nadar en  Poseidón en el año 2008 o 2009, iba a pileta libre, sumaba 2000, 2500 metros por día, hasta que un amigo en común con Agustín me dijo que había un equipo. Hablé con él y ahí al toque empecé a nadar con Facu, Bombino, Sagula y Laurita; a veces venia Chicho, Ale Cao y Rancho. Al poco tiempo me separé e ir a la pileta se convirtió en un lugar en donde ir a nadar y llorar. Escondía mis lágrimas y las camuflaba en agua. Desde entonces seguí nadando pero perdí la costumbre de entrenar en equipo y comencé a nadar solo. Nunca mas volví a entrenar a ese nivel, como aquel año. Nunca hasta 2017. Muchos de ustedes me conocieron así, como “el que nada solo”. Una práctica difícil que hoy me parece absurda e incomprensible. Cuando me cruzaban en el vestuario, algunos de ustedes me preguntaban por qué nadaba solo, o por qué no competía, dado que yo hacia el mismo entrenamiento que ustedes pero en estricta soledad. Entonces mis respuestas eran elípticas, me mostraba seguro en ellas pero internamente había muchas cosas en juego que no estaba dispuesto a arriesgar. Aspectos que este año logré sortear con madurez, voluntad y poniendo a un lado los prejuicios personales. Ese crecimiento no entiende de cronómetros.

En 2013 llegó mi primer hijo, Piero. En 2015 el segundo, Sabino. Mi vida se re-significó, mi vida en pareja tomó un nuevo sentido. El 6 de marzo de este año me sumé al turno de las 8 Hs (aunque yo llegue 8,10 y los miércoles 8, 20) y eso, aunque parezca algo menor, o tonto, cambió mi vida y mi relación con la pileta. Por segunda vez estaba nadando a un muy buen ritmo y en equipo pero a diferencia de aquella primera, ésta vez no solo me incorporé a un equipo de natación sino que me sumé a un grupo ya armado, con sus lógicas, sus códigos, sus roles asignados para cada quien. Ese fue otro gran desafío para mí, amoldarme a eso. Ese grupo de gente  en donde el  compañerismo, el sentido de grupo, y el cariño por el club está en primer plano me hizo un entrañable espacio. Para mi ir a nadar dejó de ser solamente ir a nadar, en mayo me sumé al grupo del gimnasio, entonces cada día se convirtió en un motivo para reírnos, chicanearnos, con algunos también ha sido una posibilidad e ir más allá de lo específicamente deportivo y hemos podido hablar de literatura y política que son mis otras dos pasiones. El gimnasio me dio fuerza, explosión, resistencia, todo se plasma en el agua y en mi cuerpo. Nadar asumió el placer de sentir esas nuevas sensaciones en el agua que el trabajo en el gimnasio me permitió. Llegaron las cenas, los mates post-entrenamiento, las competencias, los viajes, mas mates. Eso amplío mi marco de relaciones. Estoy grande, no quiero hacer nuevos amigos a esta edad, estoy cada vez más intolerante y sectario, pero acá la cosa se pone linda porque eso se va dando solo, naturalmente, y no es muy común empezar a querer gente de un día para el otro, sentir aprecio, respeto y en algunos casos admiración por lo que cada uno de nosotros hace para poder estar ahí a las 8 hs de la mañana, o a las 20 hs de la noche. Todos acomodamos nuestras vidas para poder estar ahí a una hora determinada para poder hacer eso que amamos. Pero si las amistades vienen, no voy a hacer nada por obturarlas. En eso estoy…

Entonces acá estamos, somos 60 hombres y mujeres que tienen que cerrar un torneo largo de ocho fechas que se inicio en marzo o abril. En el medio, en octubre específicamente, Poseidón quedó 3ro a nivel nacional en el torneo argentino de natación máster. Siendo superado solo por dos clubes que en verdad funcionan como franquicia, son muchos nadadores que nadan para un club que no existe como tal, más allá de los torneos, es decir, no comparten pileta, horas de entrenamiento, no hay cenas, no hay mates post-entrenamiento, ni nada. Entrenan por separados, se juntan para los torneos y obtienen buenos resultados. Lo nuestro es otra cosa. Yo me quedo con esto, esto es una pileta de barrio con un nivel y cantidad extraordinaria de nadadores. En ese sentido Poseidón es la pileta más grande de la república argentina. Pero esa grandeza no le viene solamente de la calidad de nadadores, que los tiene y en cantidad, sino que eso está atravesado por el vínculo entre esos nadadores de élite y los que somos del montón. Es la voluntad de los no dotados, el talento de los tocados y la mística de un club que encontró en el fallecimiento de Juan Pablo un motivo para darle un sentido real a la vida y al disfrute de nadar. Es la mixtura entre la persistencia de Pepe y la potencia de Facu. La técnica y plasticidad de Claudio o Franco mezclada con el estilo mesozoico y efectivo de Ipiña. La elegancia de Roberto con la vigorosidad de Beto. La dedicación de Emi para explicarnos cosas obvias que los voluntariosos desconocemos. Y eso convive ahí, fluye adentro y fuera de la pileta. Las jodas y risas son también un rasgo distintivo. Incluso en momentos como estos. Hoy, cerca de mi primera prueba uno de los chicos me preguntó “No estás nervioso, boludo??” y la respuesta fue No. No podía estar nervioso porque pese a estar en el CeNARD y en esas instancias, lo que yo estaba viendo era un grupo de gente que la estaba pasando bien, que iba a nadar y como consecuencia de eso obtener un resultado, y no al revés. No puedo estar nervioso porque estoy disfrutando, no puedo si veo que en esa pileta gigante y amedrentadora está Margarita, tiritando allá arriba del cajón, lista para partir y nadar los 400 libres a una edad indescifrable, ¿65 tal vez? Tal vez más. Cuando termina su carrera la voy a buscar y la ayudo a salir del agua pero básicamente voy porque me emociona su esfuerzo. Le doy un beso, la felicito, la hidrato.

Los minutos pasan, estamos al costado de la pileta, es el turno de las mujeres, las gorras de Poseidón se ven en todos los andariveles, son como un gas diseminado en una habitación cerrada, están por todos lados, los resultados comienzan a aparecer. Llega nuestro turno, estamos en la zona de pre-competencia, una vieja de la organización nos caga a pedos porque llegamos tarde o porque no hacemos lo que ella quiere, como ella quiere. “¿Harían esto es un torneo internacional?” grita desbocada. Las risas cómplices siguen tras su provocación. No hay nada más fácil que burlarse de un viejo. Al lado mío otro compañero de Poseidón me dice que esta re-nervioso y que cagó tres veces en lo que va del día, son tan solo las 10 de la mañana. Casi no nos conocemos pero me cuenta eso, me parece fantástico. En verdad, el miedo, la ansiedad y el cagazo son cosas que uno suele esconder, pero él lo blanquea de una manera extraordinaria, sincera. Entonces apoyo mi mano en su hombro e intento animarlo, le digo lo que me dicen a mí y he logrado, "Disfruta!!!". Nadamos los 400 libres en andariveles contiguos casi toda la carrera juntos, nada fuerte, sale fuerte, me saca apenas unos segundos de ventaja, salgo del agua contento, hice una buena carrera, tomo todo esto como un enorme aprendizaje, observo, aprendo, me equivoco, corrijo sí puedo. Estoy agotado y no tengo tiempo de recuperarme para los 50 mariposa, mi segunda prueba de hoy. Hace 15 días estuve 3 horas y 12 minutos nadando, estos casi seis minutos son tan agotadores como aquellos 20 km. Tomo Gatorade, como una naranja, intento ablandar algo, el cuerpo es una piedra indiscriminada. Tengo ganas de terminar este año.  Tengo ganas de terminar este año pero no nadando mariposa. Es solo un esfuerzo mas y ya está terminado el año. Este año singular repleto para mí de desafíos identificados, asumidos y resueltos con soltura. Tengo ganas de que salgamos campeones, no tanto por mí, hace cuatro años que veo desde afuera cómo sale campeón Poseidón, escuchando relatos, oyendo anécdotas, felicitándolos por sus logros y ahora que soy parte de eso, casi, casi que quiero salir campeón pero por ustedes, porque se lo merecen. Me alegraría por el grupo, por la cantidad que vinimos hoy, mientras todos están en sus casas comiendo asado y tomando vino nosotros estamos comiendo cereales, naranja y banana. Me alegraría por Facu y Claudio, por los viejos y los pibibitos. El resultado es el esperado, las planillas de clasificación muestran una supremacía de Poseidón notable, cuando nos acercamos al podio al fin se me eriza la piel, cantamos, exploto, puedo gritar, puedo recordar todas las mañas gélidas del año en que nos cagamos de frío, a veces me tiré a nadar deseando no estar ahí. Todas las salidas de la cama calentita para ir a un lugar frío como la pileta. Todos los entrenamientos súper exigentes que me rompieron el hombro. Las mil vueltas dadas en esa pileta, las partidas fallidas, los toques, los cortados, las sesiones de patada y técnica, los tests de flotación vertical forzada. El cansancio en la oficina y un sueño medio escondido en un cuerpo agotado. Largo mi bronca como un canto, ¿por qué no me permití esto antes?, no sé, agradezco que lo descubrí, me abrazo a los chicos, abrazo a Emi "El Gurú", a la bestia Toro que hizo los 20 km nadando pecho, a mis compañeros, agradezco que en una época de desencuentros nosotros nos hayamos encontrado. Nos tiramos a la pileta a festejar y como un contrasentido muy argentino nos dicen que debemos salir del agua porque el guardavidas de la pileta se tiene que ir dado que su jornada de trabajo expiró.

Nos vamos, ya somos campeones, la faena está hecha. Ahora a festejar…eso también lleva su tiempo.

4 dic. 2017

Solo nadar

Por Nacho Fittipaldi


Mayo de 2017, apoyado contra un poste, debajo de una galería que lo protege de la lluvia y de un frío ruso, Franco toma vino. Sé que su experiencia y su voz pueden dar forma a mí aspiración. Solo lo conozco de vista y en apariencia es un tipo corto. Sé su nombre, él desconoce el mío. Me acerco solicitando vino, es una excusa, mientras la carne espera en la parrilla. Dos o tres comentarios triviales y entonces pregunto “¿Vos nadaste los 20 Km en Vuelta de Obligado, no?” Cuando uno hace estas preguntas sabiendo la respuesta suele haber dos opciones: una es que quien responde lo haga de manera grandilocuente, exagerada, una adulación de sí mismo; otro camino es responder como Franco lo hizo, fue un sí corto, sin adjetivos, sin información, dirigió la mirada hacia el fondo del vaso en donde el vino se movía circularmente. Recién después de unos segundos agregó, “¿La queres hacer?” Mi respuesta fue algo parecido a un permiso para dejar que él se explayara. Dije que me gustaría, sin referir que mi experiencia era prácticamente nula en aguas abiertas y menos aún en una carrera de esa salvajada de cantidad de kilómetros. “Hacela eh –dijo- es hermosa” Lo que vino después fue casi una botella entera de ese mismo vino, algunos sándwiches de cuadril y un choripán. Miguel era parte de la conversación. El frío no menguaba. La decisión estaba tomada.

De frente el Paraná-Guazú es una inmensidad heterogénea e intimidante. No da miedo pero es imponente y esplendido. Al fondo, del otro lado de la orilla, si es que aquello es una orilla, puede ser una isla que solo obstruye el flujo de agua, se ven apenas unos árboles, indistinguibles. Acá apenas unas totoras y barro. Caminamos hasta el río entre palabras de aliento. Soy el que menos experiencia tiene. Soy el que no tiene ninguna experiencia. “Vamos eh, nadá tranquilo!! a disfrutar” Esa es la frase que más he oído en este fin de semana. El agua del Paraná está cálida, moja nuestros dedos, mansa, el abrazo con Franco, Seba, Sol y Martín es el último contacto con el grupo antes de largar las más de tres horas de carrera que nos esperan por delante. El barro del río se mete entre los dedos de los pies. El sol apenas si se deja ver, son las 10 de la mañana del domingo 3 de diciembre. Suena la campana que indica la partida, largamos.

Para quienes nadan, o han nadado en pileta alguna vez, o para quienes ni siquiera han hecho esto, deben saber que nadar en estos ríos implica una falta total de visibilidad, pese a que el agua está limpia, la visión humana acá es solo una posibilidad remota y las referencias en la costa solo presunciones. Desde adentro del Paraná-Guazú hacia sus márgenes, nada se ve. Mientras nado rumbo al canal de navegación voy pensando en cómo debo mover los brazos para ahorrar el máximo de energía posible, vamos sin botero, sin guía, es decir sin nadie que nos asista con agua, sin nadie que vea por encima del oleaje, ni que nos  dé media banana, o unos gajos de naranja para reponer lo que el cuerpo irá perdiendo kilómetro a kilómetro. Llega la primera boya de referencia, son esas conocidas de metal que durante la noche emiten destellos para marcar los márgenes de navegación de los buques, sigo nadando, pienso en nadar largo, llevando los brazos bien adelante, el brazo y el antebrazo forman un triángulo abierto en la base, la mano saliendo atrás, pegada al muslo, así, una y otra vez, durante tres horas, esa es la clave, no apresurarse, disfrutar, mirar el paisaje, hidratarse con los geles que cada uno lleva dentro de las mallas, son tres para tomar uno cada 45 minutos. De repente una moto de agua de Prefectura  me hace señas para que vire a la derecha, hacia la costa, tengo que meterme en la boca del Río San Pedro, desde allí hasta la llegada quedan 14 km. De ahora en adelante nadaremos en un río con menos correntada de lo esperado, al menos por mí. Este río es de tamaño medio, por momentos tiene 70 metros de ancho, en otros 40. En los primeros kilómetros solo se ve campo y planicie, algunos pocos ranchos de chapa sobre pilotes funcionan como puesteros que deben mover el ganado de una isla a otra buscando las pasturas. No hay gente, solo campo y agua. Al mirar el cronómetro veo que van 55 minutos de carrera, hora de tomar el primer gel. Busco alguna embarcación que pueda asistirme con agua, como a 200 metros  una lancha a motor sobre la margen derecha del río aparece como opción, me acerco, pido agua, preguntan cómo me siento, les digo que estoy genial y que nadar en el tramo del Paraná-Guazú que quedo atrás me pareció un placer inesperado. Allí se produce el siguiente diálogo en las siguientes condiciones. 


Estoy agarrado a una soga de la lancha para que la corriente no me lleve río abajo antes de hidratarme, con la otra mano saco de mi pubis el sobrecito de gel, con cuidado de que los otros dos no salgan a flote y los extravíe, se lo paso al muchacho de la lancha, yo estoy prácticamente debajo de la lancha porque el agua corre fuerte hacia abajo, mi brazo extendido apenas llega a reunirse con la mano del pibe que me pasa un vaso con Gatorade y el gel ya diluido:


-Por qué estas sin botero? –pregunta él-
-        -No sé. Te aclaro que atrás mío vienen dos más. Uno nadando pecho
-         - Nooooooo, el mismo del año pasado?
-          -Ese mismo
-          -Y por qué nada pecho?
-          -Y vos por qué pensas que nada pecho? –pregunto colgando de una soga como si fuera un numero de De la Guarda-
-          -Porque está loco!!
-       -Eso mismo. Chau, muchas gracias –digo yo y solo con soltarme de la soga el río me arrastra 40 metros sin que haga falta nadar.

Ahora es tiempo de buscar el puesto de agua formal que está a los 8 km de la largada, mientras nado pienso y me digo, ´nadá largo, nadá largo, solo eso´. Por momentos disfruto tanto que olvido los 12 km que faltan, estoy entero, apenas duelen los hombros y un poco los tríceps, sé que si nado largo llego, sé que estoy entrenado para llegar, sé que quiero llegar, solo queda hacer esto mismo durante dos horas más. No es poco, es toda mi chance. Mentalmente pienso cómo llegue a estar en este río haciendo esta locura. Hago una revisión, recuerdo la crónica de Damian Blaum cuando nadó 8 Hs 17 minutos en la Hernadarias-Paraná luego de recorrer 88 km, ese fue el inicio de mi curiosidad. Repaso el pasado inmediato. Llegamos a San Pedro, cambiamos la goma que pinchamos, tomamos mate en el hotel, fuimos a la charla técnica, nos encontramos con Sol y su encantadora familia, tomamos mate, se largó a llover el sábado y no paró hasta ahora, las 08 AM del domingo. Fuimos a cenar. Qué atracón nos pegamos. Al llegar al hotel Germán, el dueño, nos recibe con una patada en el pecho, dice que las competencias de aguas abiertas cercanas a San Pedro se suspendieron por la sudestada y las malas condiciones climáticas. Las carreras de aguas abiertas se suspenden por tormentas eléctricas o por olas de tres metros, no por lluvias, en general. Sin embargo al chequear en internet vemos que es cierto. Este tipo que para mí es un resentido social que no puede ver feliz a la gente, ha arruinado en un segundo todas las bellas sensaciones de la charla hermosa que tuvimos durante la cena; nuestras vidas, nuestra relación con Poseidón, los esfuerzos familiares con nuestras parejas para que podamos hacer esto que tan felices nos hace. Qué se le juega a cada uno en este tipo de desafíos. Nadar no es hacer un deporte. Nadar es un deporte que implica un estado físico, anímico y eso determina un estado mental. Solo así se puede llevar adelante una carrera con estas características. La noche se deja mojar como en pocas ocasiones, de punta a punta. A las 06, 40 AM suena el despertador. Un pájaro canta la lluvia. Desayunamos, vamos al club en busca del condenado “Suspendido” de la Prefectura. Nada de eso, esto se corre muchachos, a cambiarse, a comer, a tomar agua, deja de llover, sale el sol. Estamos en el agua.

Nadá largo, solo eso, pensá en eso. Me repito una y otra vez como una secuencia mecánica. El puesto de los 8 km no aparece, pregunto a un botero si ya me pasé, de los 6 km hasta donde estoy he nadado más de dos kilómetros, estoy seguro, y el puesto de hidratación nunca apareció. El botero me dice que ni idea. Genial la puta que te parió. Decido desenroscar eso de mi cabeza, esté adelante o haya quedado atrás, ese puesto ya no forma parte de mis opciones, pido agua a un bote cualquiera y decido seguir. Ahora queda encontrar la barcaza que me indica los 15 kilómetros. El paisaje ha cambiado, del lado izquierdo sigue el campo y algunos ranchos con gentes, del lado derecho en cambio hay una barrancas imponentes, altas, marrones de tierra colorada, con orificios en sus paredes, tal vez 10 o 15 metros de altura, sobre la costa hay unos pocos árboles. Una pregunta me invade, “por qué hago esto?”, las respuestas van apareciendo mientras un dolor intenso en el tendón de aquiles empieza a estorbar. Supongo que es un desafío personal, algo que siempre quise hacer, algo a lo que nunca me animé, una hazaña de la cual pueda vanagloriarme cuando sea viejo, o algo que pueda mostrarle, o contarles a mis hijos, no lo pienso como un hecho aislado, esto es un inicio, no una excepción. Pienso en Piero y Sabino, pienso en los audios previos a largar la carrera, me emocionó, pienso en Pao que me apoya y me acompaña y comprende lo que es nadar para mi y me estimula a hacerlo. Gracias!!. Sería lindo que me vieran salir del agua, agotado pero feliz. De golpe aparece la barcaza, ya van 15 km, una lancha a motor pasa preguntando cómo estoy, al ir sin compañía somos su grupo de riesgo, le respondo que estoy entero y que la carrera esta hermosa, le paso el gel y le pido a la chica que me lo disuelva en agua. No puedo tomarme toda la botella, es mucho liquido y el sabor medio asqueroso, entonces ella se ofrece a guardar la botella y pasármela si nos volvemos a ver en el recorrido. No sucederá.

Ahora, luego de la barcaza, queda encontrar el buque de la Armada que está amarrado sobre el río. A los 15 km decido cambiar el ritmo de nado, estoy muy bien y mentalmente me siento fuerte, quedan 5 km. Comienzo a nadar un poco más agarrado y tratando de que la mano arrastre más agua sin dejar de nadar largo. El dolor en los tríceps ya no se puede esconder detrás de la exigencia mental, está ahí, muy presente. En cambio los hombros y el tendón dejaron de molestar. Sin embargo duelen la cintura y la parte alta del dorsal. Además siento que avanzo cada vez más lento, levanto la cabeza y como a 500 metros veo el buque. Es gris, largo, mide como 60 metros y tiene unos mástiles altísimos. Sobre la margen derecha ahora se ven familias alentando y haciendo asado. Saludan, gritan, chupan. Quedan entre 2 y 3 km, decido meter otro cambio de ritmo, van 2, 47 Hs de carrera, ahora sí el esfuerzo de nado se siente en cada brazada, aun así vuelvo a sentir que avanzo poco y que el pelotón de adelante comienza a quedar lejos, mentalmente estoy debilitado porque perdí referencias, no veo las boyas que indican el ingreso a la dársena del club náutico donde culmina la carrera, no tengo boteros cerca para preguntar, queda nada de carrera pero estoy en el peor momento y solo, estoy tan exigido que de golpe, y tarde, descubro por qué mierda no avanzo al mismo ritmo que antes. 

Ha comenzado a soplar viento del Este y se ha movido el agua, hay unas olas pequeñas, como de medio metro que vienen derecho contra los nadadores, el viento, el río y los relámpagos son quienes deciden si nadamos o no, y cómo lo hacemos. Ahora toca pelearla, se terminó la técnica, hay que romper la ola, meter la brazada, raspar el agua, y seguir, allá lejos veo las boyas, me duele todo, sé que llego, sé que me gané mi propio abrazo, el sol se fue, ahora manda el viento, estoy cumpliendo lo que me prometí en voz baja. Sé que mis compañeros, esos que me dieron consejos, esos que hicieron asumir esto con naturalidad, esos que conformaron espacios para charlar y oírme, están en este mismo río, estamos nadando juntos aunque no nos veamos, mis otros compañeros, los que no están acá,  están haciendo fuerza para que todos lleguemos. Doblo la curva, ya estoy en la dársena, el agua es agua muerta, no hay corriente, es espesa como aceite, hay que raspar más y más, ya no quedan kilómetros por delante, ahora son solo metros, algunos metros pero casi nada de fuerzas, pienso en Facu, raspo el agua, saco la cabeza, miro adelante, busco la manga de llegada, está a 400 metros, está lejísimos, raspo el agua, ahora respiro cada una brazada, saco la cabeza, la gente alienta y aplaude, hablo con mi cuerpo y le digo gracias, pienso en mis brazos, los hombros, pienso en Tati, un nadador que viene atrás me toca los pies, no me vas a ganar –pienso-, meto un último sprint, no me pasa, pienso en mi sana inconsciencia, en toda esta locura, pienso en mi cabeza y le agradezco en no sobre exigir a mis articulaciones, en cómo administré todo, incluso el placer de nadar acá, levanto la cabeza, veo la manga de llegada, raspo el agua, respiro, pateo, saco la cabeza. Llegué.
Dos personas ofrecen sus brazos para ayudarme a salir por la rampa de llegada. Creo que es innecesario, sin embargo la ayuda no es opcional, ellos te sujetan por los brazo porque cuando volvés a apoyar los pies en tierra después de tres horas de nado, entonces recién ahí uno recuerda que es bípedo, al apoyar las piernas sobre tierra firme las piernas son un flan, casi que me caigo, por suerte me sujetan, preguntan a cada uno de los más de 100 nadadores, “estas bien?” y la respuesta es estoy agotado, dolorido, estoy increíblemente bien. Y sobre todo feliz, parte de mi cuerpo quedó en el río, pero mi alma esta llena. 

Gracias por todo…     

20 nov. 2017

La voz color del río

Por Nacho Fittipaldi


Un escenario de madera, dos sillas, una mesita vestida con un camino, dos copas de vino, dos micrófonos, un atril. Ellos. En medio de tantos súper estadios con mega pantallas, 35 bandas programadas en un mismo día y sonido a mil, acá habrá solo una guitarra y una voz. Son buenas y suficientes razones para dejarnos atravesar por esa música que nos interpela.
El concierto arranca con “Guitarra dímelo tú” esa pieza maestra de Yupanqui que así como al pasar dice “los hombres son dioses muertos de un tiempo ya derrumbado”. En la voz de Liliana Herrero esa frase suena a sentencia, Falú la acompaña como puede, y su ‘como puede’ es descomunal. Ella es un temblor que va por donde el pensamiento le sale. El juego está planteado en esa aparente desigualdad: Ella canta y él acompaña. Ella decide improvisar y él la acompaña. Ella corre, él camina. Ella camina, y él también. La pieza de Yupanqui es ejecutada con una precisión que podría desmentir la afirmación anterior, sin embargo ese juego da un resultado extraordinario. Liliana Herrero canta bajito y parece sacar aire desde los tobillos hasta la garganta. Acorta las oraciones, frena la entonación, saca terciopelo de un bolsillo y lustra el escenario. Falú es, como se sabe, un compositor y un guitarrista superlativo, además dueño de un humor fino y punzante como los  dedos de su mano derecha. Lo contrario a su manera de vestir. Lleva puesta una inverosímil chaqueta estampada en colores amarillos, negros y lilas. Parece el tecladista de Los Palmera o el mozo de un bar cerrado. Alto, flaco y espigado, verlo tocar es tan deslumbrante como ver levantar vuelo un avión. Al terminar la primera canción queda en el aire, sobrevolando, la sensación de que algo mejor será difícil oír esta noche. Se hace un silencio luego del aplauso prolongado. Curiosamente habla él. “A veces las canciones salen distintas a como las pensamos y eso es bueno –esa es la sensación que tuve al oírla, era evidente que ella se estaba saliendo del libreto y era notable como él hacía eso casi imperceptible- y a veces eso nos gusta mucho y por eso brindamos” Mientras el aplauso sucedía ellos se miraron fijo a los ojos, Liliana francamente emocionada con un brillo de lagrimas en los ojos, entonces alzaron sus copas, brindaron y bebieron. “El problema es cuando nos gustan muchas canciones” dice Falú rompiendo el clima intimista que había generado su confesión anterior. Las risas cubren el auditorio. En la canción siguiente sucede lo mismo, vuelven a brindar, Falú acota “Bueno Liliana hagamos el balance cada dos canciones porque vamos a terminar en pedo, esto va a ser un desastre” nuevamente la carcajada aflora. 
El repertorio es el conocido, Leguizamón-Castilla, Pepe Nuñez, Yupanqui, el mismo Falú, Valladares, Violeta Parra. Sin embargo da la impresión que van decidiendo sobre la marcha, y que se sorprenden entre ellos al elegir algo del cancionero que está sobre la mesa. Se desobedecen mutuamente. Falú sostiene que durante las crisis la música y el arte, en general, se redefinen como una metodología para interpretar la realidad, y que ellos, esa noche están haciendo eso. Esto se advierte en la manera contenida de cantar de ella, ha abandonado ese hachazo que puede ser su voz y ha escogido la sutileza de la voz como silbido, apenas audible, eso y en un brutal acompañamiento de guitarra son la sincronía del día. Falú casi no se mueve al tocar y sin embargo su guitarra es un abanico de sonidos, colores, relieves y profundidades. Lo de ella es estremecedor, sentada en la punta de la silla se balancea hacia adelante, hace equilibrio, mueve las piernas y los pies como si pedaleara, transpira,  es un ovillo de huesos sacando novedosas formas de estas revisitadas canciones, del cancionero popular. En ese sentido Liliana Herrero es una compositora, cierta vez Falú contó que luego de componer Confesión del viento le llevó la canción a Liliana y mientras se le entregaba en mano le dijo: “Tomá, destrozala” Y eso hizo. Compuso una versión mejor a la del propio Falú. Lo mismo con las canciones que hace de Fernando Cabrera y algo parecido con las de Edú “Pitufo” Lombardo.  Su capacidad interpretativa, su entrega en el escenario, su calidad como intelectual y su compromiso político, los cambios de formación en su banda, la exquisitez de todos sus músicos cada vez, la ponen muy por encima del promedio de músicos argentinos. Liliana está en la cima hace mucho tiempo. Cada tanto dice “Tocá vos Juan” como diciendo `no puedo más`. Y Juan toca y lo que toca es fenomenal, por ejemplo una canción que se llama Puro fierro que es de él y Pepe Nuñez, u otra de él llamada El encalillado, o algo así. Al terminar las canciones vuelven sobre el texto, lo recitan, lo analizan, lo muestran al público. “La identidad es un estado de tensión entre lo que fue y puede llegar a ser. De esa tensión puede surgir una obra de arte, puede surgir un país feliz. La voz canta un territorio, una memoria de luchas, de fiestas. No se puede hacer un canto sin fronteras. Los cantos tiene sonoridades, texturas, territorio.” dice Liliana, se cansa de decirlo cada vez, su obsesión es el presente, el pasado, y el futuro como un sitio donde  El cuchi Leguizamón, Castilla, Yupanqui, Carnota, Parra,  Charly Gracia, Gardel nos están esperando para ser redescubiertos.

El cierre llega con Oración del remanso, Liliana deja el micrófono, se para frente al auditorio, somos 160 almas conmovidas,  mueve los brazos como si tuviera una batuta, y “Cristo de las redes no nos abandones” es dicho por el público ante su Cristo ocasional, se ha desangrado en el escenario, ha transpirado, ha vertido ideas densas, tal vez incluso más que lo que el propio publico quiera oír, son tiempos vacuos, canta a capela y recién cuando el recital termina y el aplauso se cierra, la gente se rompe las manos, está de pie, aplaude de pie, y solo entonces ella dice muy por lo bajo “Viva la patria”

Liliana Herrero lo llena todo. 

22 oct. 2017

Matar sin disparar

Por Nacho Fittipaldi

Entre el año 2004 y 2007 formé parte del equipo de asesores de la Subsecretaría de formación y capacitación policial, la gestión estaba a cargo de León Arslanián y el gobernador de la Pcia. de BsAs era Felipe Solá. Un poco en broma decíamos que esa subsecretaria era en verdad “de deformación policial”. La cúpula policial así lo creía. En 2008 formé parte de un equipo de investigación que se introdujo en la formación básica (es decir el estudio inicial a partir del cual un sujeto cualquiera se recibe de policía, gendarme o lo que fuere) de la Gendarmería Nacional, Prefectura, Policía Federal, la Policía de Seguridad Aeroportuaria por entonces recientemente creada por Néstor Kirchner y dirigida por Marcelo Saín, y las policías del NEA argentino.
Como parte de mis conclusiones a raíz de ambas experiencias puedo concluir de memoria y sin mucho esfuerzo: Los pibes y pibas que se anotan para ser policías o gendarmes lo hacen por necesidad de trabajo y cobertura social; su nivel educativo es entre precario y nulo; su nivel intelectual mediocre; su cultura general pésima; la formación que reciben es insuficiente y muy general, lo cual se agrava debido a que el nivel educativo con el que ingresan es de lamentar; darles un arma de fuego es un riesgo para sí y terceros; su desapego a los derechos humanos (concepción esquiva si las hay) es notorio en relación a las responsabilidades que van a tener por sobre el resto de la sociedad; ello no es algo que la fuerza les inculca necesariamente durante la formación, es curioso. Más bien diría que es algo anterior a ese recorrido, una especie de requisito de ingreso no explicitado, ni escrito; las clases sociales a las que les toca reprimir son las misma a la que pertenecen, con lo cual muchas veces viven en los mismos barrios donde patrullan, reprimen y caminan rumbo al colectivo; la cúpula policial o de las otras fuerzas es tan fasistoide como los pibes que pugnan por recibir sus 9 milímetros reglamentarias; el proceso de formación básica está planteado como una dificultad en sí misma que los “aspirantes”, así los llaman, deben sortear. Si lo sortean con éxito es porque están en condiciones, tiene el don, de ser “agentes del orden”, de lo contrario se ve como natural que abandonen el recorrido. Ello implica que los pibes tratan de soportar todo, cuando digo todo hablo desde abusos sexuales dentro de las escuelas hasta pruebas físicas de indudable riesgo para sus propias vidas. Cierta vez estando en la escuela de suboficiales de Prefectura enviado por el Ministerio de Justica, Seguridad y DDHH de la Nación me tocó presenciar, desde atrás de un arbusto, a escondidas y cagado en las patas, un “baile”. Un baile es una práctica institucional nocturna, puede ser de día también pero de noche son más crueles, que consiste en someter a los pibes al rigor físico encomendado por sus instructores directos. Por ejemplo: Hacerlos bañar con agua fría durante el invierno y sacarlos a correr semi desnudos, hacerlos hacer flexiones de brazo como si fueran Vin Diesel o Serafin Dengra, salto lagartija, subir un cerro en plena madrugada y cosas por el estilo. En esos ejercicios que, durante la tarde las autoridades me habían negado su continuidad (durante muchísimos años fueron naturales e institucionalmente aceptadas, el tiempo político de la época les indicaba lo contrario), los pibes y pibas son arruinados física y psíquicamente. No hay manera de decir “no puedo más” o “tengo frío”. La relación entre esas prácticas y su rol como “agentes del orden” es, como se comprenderá, nula. Según las autoridades sirven para forjar el carácter. Yo creo que generan fieras. Esas prácticas hacen que los sujetos que egresan como policías, y las fuerzas federales de seguridad, sean tremendamente resentidos y violentos. Son formados en espacios hostiles, de violencia institucional y de no respeto hacia el otro, el vínculo con el otro está mediado por la jerarquía que cada uno ostenta dentro de la fuerza. Bien. ¿Cómo creen que se posiciona la cúpula de estas fuerzas cuando reciben el mensaje que todo vale enviado por el Poder Ejecutivo Nacional y/o Provincial? ¿Cómo creen que actúan las bases una vez que la cúpula pasa el mensaje? ¿Que creen Uds. que sucede cuando uno de estos pibes sale a patrullar el conurbano, o es enviado a desalojar una fábrica tomada, o a terminar un piquete en la ruta 40 en la zona entre Esquel y El Bolsón? ¿Qué creen que sucede y cómo accionan cuando tienen la posibilidad de invertir ese rol pasivo al que han sido sometidos durante su formación básica y durante toda la vida institucional?  ¿Cómo creen que actúan los suboficiales de Gendarmería, la jerarquía más baja de la suboficialidad, esos sin estudio, sin apego a la ley, esos sometidos sin cultura, sin redención, sin raciocinio y sin corazón cuando salen a cazar a personas sin armas, cuando tirotean, apedrean, hostigan a unos iguales a los suyos? ¿Cómo creen que se comportan?

Con 15º grados bajo cero, con un río de deshielo en pleno invierno, tal vez un disparo no sea necesario. Cuando el río es un arma líquida tal vez no haga falta disparar a la cabeza.        

18 oct. 2017

Piedad

Por Nacho Fittipaldi

¿Tienen hijos? Los que hicieron esto, los que lo concretaron materialmente ¿tienen hijos? Los que montaron la escena, los que pensaron el día, la hora del día, los que dijeron “Ahora”, los que pasaron el mensaje y dijeron “Ya está hecho”, ¿tienen hijos, tienen sobrinos, quieren a alguien? ¿Le vas a explicar a Antonia esto que hiciste? ¿Es posible salir a la calle y no buscar en los ojos del vecino un rasgo, o síntoma, de empatía o perseguirse con que el otro es cómplice en algún sentido de todo este infierno? ¿No somos todos un poco cómplices? ¿Hasta dónde una sociedad puede resquebrajarse? ¿Cuál es el bajo fondo sociopolítico en el que el perdón nos exime de culpa?
 Mientras escribo Piero corretea por el parque, se esconde detrás de una corona de novia florecida mientras aguarda la llegada de su hermano para asustarlo. Llega por correo una oferta de una vinería, anuncia un “2x1” imperdible, incluye vinos importados. Todo es así de volátil, así de fugaz, así de intrascendente. Así de superpuesto. Así de Supertramp. En un rato debo llevar a Piero a natación y buscaré entre los ojos de los padres a padres cómplices, a padres que como yo busquen en mis ojos alguien con quien decir “¿Viste lo de Maldonado?” Maldonado será un rostro que no olvidaremos, como en su momento Julio López pero fuera de la era de las redes sociales. Maldonado será, es, un rostro que solo la fauna  del río puede borrar. Veo ese rostro carcomido y me pregunto  ¿qué te hicieron?, es raro sentir piedad y dolor por no poder reconocer un rostro desconocido y a la vez tan cotidiano. Todo eso que te falta, ojos, nariz, orejas, ¿todo eso es mera acción de descomposición? ¿Te torturaron? ¿Te mutilaron? Si hasta el propio Piero me preguntó hace unos días atrás “¿cómo puede ser que Santiago Maldonado esté en todos lados?” ¿Cómo sigue una sociedad después de algo así? ¿Cómo sigue una sociedad si esa sociedad no registra una interpelación colectiva que ponga de manifiesto su convencimiento de que este es un límite concreto? Y no porque no haya habido desapariciones forzadas antes de Macri, si no por el tratamiento que esto tuvo, por el cinismo, por la defensa cerrada del Poder Ejecutivo Nacional, por el penoso silencio de Das Neves, por la desdorosa actuación del Juez Otranto. ¿Ese tipo es la voz de la ley? Los militares demoraron sus años en burlarse públicamente de sus víctimas. Macri y sus bandidos urbanos se burlan de nosotros on line hace 78 días. ¿Cuantos días contabilizarán como desparecido a Santiago? ¿78? Es decir hasta el día que apareció su cadáver, o 79, u 80 hasta el día que lo reconozcan científicamente como Santiago Maldonado? ¿Cuánto puede soportar un ser humano antes de responder brutalmente  al escarnio público? ¿Cómo se explica la respuesta pacifica de las abuelas, la desmesurada paciencia, tesón y paz de la familia Maldonado? ¿En qué momento como sociedad aceptamos que el cinismo sea la variable principal de la política pública? ¿Es tan complejo asumir el error de haber votado a estos tipos? ¿Hay alguien que pueda decir “me arrepiento” o siguen sosteniendo que cualquier cosa es mejor a Cristina? ¿En serio? ¿Les parece que lo de Nisman y Mariano Ferreyra, por poner casos emblemáticos con los que se regodean los antikirchneristas, son parecidos a esto? ¿Este cambio, en este sentido era necesario? ¿Es tan complejo y problemático pedirles que por el bien del país se vayan? Pero no lo digo de golpista, o antinstitucionalista, si no hicieran cosas como estas podrían culminar su mandato, hacer mierda el país, empobrecerlo, desguazarlo, entregarlo al capital trasnacional, pero hacen cosas como estas. Entonces No. Y si queres no pido, ni siquiera sé si quiero que vuelva Cristina, pero este nivel de cinismo, de demencia, persecución política, judicial y mediática, el odio, no puede ser nunca provechoso para un país. ¿Cómo le explico yo a mi hijo lo que hicieron con Santiago? ¿Cómo les explico el rol del Estado a mis alumnos ante tamaña atrocidad. ¿Cómo se constituye una sociedad, sus representaciones, ante el rol que juegan los medios de comunicación y sus estrellitas periodísticas? De esto no hay retorno hermano. ¿Es que no sienten pudor antes de decir lo que dicen? ¿No piensan en sus hijos antes de decir las cosas ponzoñosas que dicen o sugieren? ¿Tienen hijos? ¿Quién pergeña las estrategias para trasformar a las víctimas en culpables? ¿Desde cuándo la tradición Mapuche esconde cadáveres 78 días para arrojarlo en el patio de sus ranchos para influir en la elección de la provincia de BsAs? ¿Esa es la genialidad que pensaron? Ahora llega otra oferta, esta vez es Mercado Libre diciendo que aparecieron las antiparras que estaba buscando. Y todo es así. Juan Manuel Urtubey no es capaz de suspender el acto por el día de la lealtad en Salta. Buena madera. ¿Cómo se explica el silencio de los grupos de wapp en donde se supone que todos pensamos más o menos parecido y tenemos convicciones similares? ¿Hasta dónde llega el adormecimiento? No sé cómo llegamos hasta acá. No tengo idea de cómo vamos a salir. Pero tengo la certeza que si de acá no salimos con alguna gesta colectiva, inaugural, este episodio es simbólicamente superior a cualquier reforma del estado que quieran promover. Si nos dejamos vencer en esta, no habrá nada (pero nada eh) que no puedan hacer con la docilidad complice del pueblo. Reitero: Me inquieta pensar qué no están dispuestos a hacer, me da pavor cuáles son sus fines. Mientras pensamos racionalmente la política, estos muchachos piensan y actúan como desquiciados.  

PD: “No sé si vas a caer, solo sé que el amor es tenaz y vuelve a salir como el sol” León Gieco 

28 ago. 2017

Hurto

Por Nacho Fittipaldi


El adolescente de gorrita y capucha viaja en un vagón contiguo al mío. Desde mi asiento lo veo nervioso, mover los dedos sobre el caño de donde la gente se sujeta como un pianista repasar su ejecución. Los pasajeros viajan distraídos, esa es su ventaja. El tren tiene doce estaciones intermedias entre Villa Elisa y Constitución, cada una es su oportunidad. Los celulares son la perdición de la plebe, todos desean uno mejor, las empresas brindan tantas oportunidades como subjetividades hay en el universo. Micaela lleva consigo un celular último modelo que está haciendo babear al chico encapuchado. Él la tiene en la mira. El tren llega a Ezpeleta, las puertas se abren, Micaela mira su celular acaso como si algo novedoso encontrara allí. Las puertas del tren eléctrico se abren y cierran con la misma frecuencia, siempre. El muchacho tiene ese tiempo registrado en su cerebro como una contraseña bancaria. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve…Se pone de pie con una plasticidad digna de ser captada por una cámara para advertir los curiosos ángulos que conforman ahora sus miembros. Da dos pasos, quita el celular de las manos de Mica, se dirige a la puerta, diez, once, y está afuera. La puerta cerrada, él sobre el andén, Mica adentro mirándolo por la ventana. Casi sin indignación. Él ni siquiera corre, no hace falta, el tren es el que toma envión y se esfuma. Casi nadie ha visto nada.

Al día siguiente subo al mismo tren, elijo un asiento de los del medio, los que más distancia tienen con las puertas. Miro a mí alrededor buscando posibles “descuidistas”. El tren presenta la mitad de los asientos mirando hacia un lado y la otra mitad hacia el otro, detrás mío queda una mitad, como el lado oscuro de la luna, a la que no puedo ver. La formación arranca y toma velocidad. En estos trenes nuevos el silencio es novedad. Miro por la ventana, leo, observo todo. No hay sitio donde estarse tranquilo. El conurbano es una cartografía que requiere atención. El tren frena en la estación Bernal. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, siento en mi brazo ese tirón que reconozco de la pesca, cuando el pez toma la carnada y el anzuelo, intenta huir pero está parcialmente sujeto a esa punta que le ha perforado la carne. El chico con capucha me ha pescado, huye hacia la puerta, diez, once, doce. Entonces grito “Te lo regalo…!!! –el joven mira sorprendido- el libro que me sacaste te lo regalo, repito. El muchacho mira su mano y ve que ha tomado un libro y no un celular. Esta sobre el andén, el tren se va, él no corre ni huye, al mirarme levanta el libro en lo alto, como un trofeo de guerra o como sugiriendo que lo va a leer. 

17 ago. 2017

Los 35%, los 65%

Por Nacho Fittipaldi 

Una desaparición forzada, una detenida política, despidos como para hacer dulce, represión preventiva, ajuste, aumento exponencial de la deuda externa, sub-ejecución presupuestaria, bono a 100 años, Lebacs de incierto futuro, aumento de la pobreza e indigencia, disminución de la decencia, etc. Nada de eso parece hacer mella en el electorado que eligió a Cambiemos en la provincia de Bs.As. ¿Es eso así? Este es un primer punto a discutir. ¿Podemos afirmar que todo lo que queda por fuera del 35% de Esteban Bulrrich es un voto opositor? A mi humilde entender no. Efectivamente hay un 65% que no votó por Cambiemos pero ese universo es de compleja y heterogénea composición. Tal vez sea conveniente especificar el enunciado. Tal vez sean opositores, estén disconformes con el modelo económico pero esa supuesta homogeneidad no se sostiene cuando hablamos de los dirigentes opositores que también encabezan el rechazo al modelo económico. Digamos, el voto que no fue a Cambiemos y que no es kirchnerista, rechaza el modelo económico-político pero también rechaza a Cristina.  
Por otro lado, el votante de Massa, ese que acompañó gran parte de las medidas de gobierno en el Congreso de la Nación, no puede categorizarse como un voto tajantemente opositor. Excepto que desconozca el hecho objetivo de que el massismo co-gobierna la legislatura bonaerense; y en segundo lugar porque no se ha desmarcado a nivel nacional del rumbo tomado. Las urnas así lo demuestran. El voto a la izquierda, Unidad Ciudadana e incluso el voto a Randazzo es en cambio un voto en contra a las políticas de gobierno.
El votante de Cambiemos escoge sostener la confianza en el gobierno basándose en las políticas implementadas, las expectativas y sobre todo un profundo rechazo a la figura de Cristina que es recapturada una y otra vez como un pasado al que conviene tener siempre cerca para exorcizar. Pero más allá del análisis electoral quería llevar el análisis a un punto más cualitativo, algo más difuso y por tanto endeble. Un punto de análisis que abarca el profundo cambio cultural que Macri propone y la empatía que genera en sectores que son, y serán, la variable de ajuste del modelo.
La realidad discursiva de Cambiemos es la mayor construcción política de la que pueden dar cuenta. Para ello es necesario e ineludible la cooperación de las corporaciones económicas y mediáticas; la estética cuidada; la direccionalidad discursiva; el mensaje; y la plataforma sobre la que ese discurso trabaja. Esa plataforma encuentra una base ciertamente real que es lo que el kirchnerismo ha dejado como cierto. Un regalo, una parcialidad. Esto no implica negar los muchísimos logros del Kirchnerismo pero sí relativizarlos. En esa relativización es donde comienza a tallar el discurso de Cambiemos, allí debemos encontrar algunas de las explicaciones que permitan explicar el último resultado electoral, independientemente de que Cristina gane por un punto o pierda por medio. Mientras se acepta esa relativización, las corporaciones mediáticas y sus periodistas devenidos en dirigentes políticos agotan su tratamiento en cuanto medio es posible. Pongamos un ejemplo. El dato de pobreza: ¿Es cierto que Macri aumentó la pobreza? Sí. ¿Es cierto que Cristina concluyó su mandato habiendo entre un 25% y un 30% de pobres en Argentina? Esa es una respuesta que no podemos confirmar. No sé. La respuesta sería un SI, relativo. Y un NO, relativo. En principio la trampa está plantada por el propio kirchnerismo, al no haber datos de aquél INDEC la discusión está vedada, viciada. Al no poder dar la discusión objetivamente (si es que hay datos objetivos) entonces hemos perdido esa discusión, o al menos se le ha concedido a Cambiemos la posibilidad de que esa contra argumentación sea esgrimida. Lo mismo sucede con las estadísticas de inflación, y por fuera del INDEC, con las de seguridad pública. ¿Ello niega la disminución de la pobreza entre 2003 y 2015? De ninguna manera, pero lo relativiza profundamente, lo bastardea. El punto es que un gobierno que se suponía inclusivo, como lo fue el kirchnerismo, sale perdiendo o empatando una discusión en la que se creía vencedor. La discusión mediática está perdida. Esa verdad relativa es diseminada por doquier. Ahora bien, el discurso de Cambiemos trabaja sobre hechos como esos, de los que hay varios mas, y sobre otras ficciones que construyen hechos. Digamos, la discusión sobre el financiamiento de la empresa ARSAT forma parte de algo totalmente periférico que no se juega electoralmente. La idea de pobreza, servicios, trasporte, y obra pública son ideas y conceptos más concretos y visibles. El 35% de votos de Cristina asume que en esos ítems el gobierno anterior hizo más que el actual, no la vota solo por eso, pero supone que lo anterior es consecuencia virtuosa de un modelo “Nac&Pop”. Dicho esto cabe plantear que Cambiemos, y en especial Vidal, toma esos mismos ítems y plantea lo inverso. Hace 25 años que no se hace nada de nada. Hasta Cafiero llega la pesada herencia. La confrontación es total e irreconciliable. Por lo tanto el análisis de lo estrictamente político excede lo eminentemente político. Se llega así a un terreno en el que la construcción del voto se constituye a partir de los indicadores mencionados, matizados por la relativización de sentidos que toda representación implica. Una representación de sentidos que está atravesada por el género, la edad, la formación educativa, la experiencia frente a los hechos históricos, los prejuicios, la coyuntura. En ese esquema, hoy por hoy, hay un empate. Atención, es un empate 35% a 35%, entre Cambiemos y Cristina, y no sirve pensar aquel 65% como una unidad, no se destraba por la sumatoria de los votos de Massa, Randazzo y los otros. En todo caso también se podría decir que el 65% del electorado no eligió a Cristina y que ese 65% relativiza los logros del kirchnerismo que el núcleo duro de Cristina entiende como concretos. La disputa es entre un modelo neoliberal y otro que no lo es. Un modelo que ajusta y que es felicitado por los organismos internacionales de crédito; y a su vez NO fue castigado electoralmente por los ajustados como uno hubiera creído. Por lo tanto no hay razones para pensar que el ajuste cesará, más bien lo contrario. El 35% que no voto ni a Unidad Ciudadana ni a Cambiemos decide la elección de octubre, otra vez como en 2015.
El cambio de Cambiemos es un pase mágico. Es deteriorar las cosas sin hacer de eso una tragedia griega. Es una venta constante de expectativas que solo es posible bajo, al menos, dos condiciones básicas, a) ejecutar el truco a la perfección; b) que la experiencia del pasado no haya sido tan positiva como la minoría intensa del kirchnerismo cree y que los rasgos más deleznables adjudicados a Cristina afloren una y otra vez. Esto es algo que hasta ella misma ha entendido, de allí el cambio de estrategia electoral. De allí que no alcance para octubre bajo las condiciones que hoy le aseguran ese 35%. La experiencia cultural de Cambiemos explota como nadie ese sesgo de verdad sobre una porción determinada de la población bonaerense. El problema no es que eso sea así, el problema es que ese pliegue, o rizoma, va en aumento en el territorio nacional. Como dijo el patético Gustavo Noriega el lunes pasado ante la pregunta de si le gustaba este gobierno, o no. Noriega respondió, “Hay cosas que me gustan y cosas que no. Pero este gobierno a diferencia del anterior, me sacó la política de la espalda. No me obliga a problematizar todo, a darle un sentido político a cada cosa” Ese hartazgo que expresa el periodista es una definición banal que él puede permitirse dado que tiene la barriga llena. Pero sin embargo no debiera pasar por alto un claro contraste entre Cristina y el presidente con problemas de lectoescritura. Por imposibilidad y estrategia, Macri ha aplanado de sentido la política y la historia nacional. La infantilización de sus argumentos se desparrama por cada uno de los ítems que abarca, su punto más alto de intelectualidad es al hablar de futbol y eso, a diferencia de Cristina, genera más empatía que odio. De eso se trata. Sobre un terreno fértil, la construcción de una estrategia. 

La disputa entre un modelo neoliberal en lo económico y conservador en lo político-cultural versus el modelo “Nac&Pop”, reconoce un campo más: El respeto a la voluntad popular. Este modelo neoliberal es un modelo con muchos votos a nivel nacional que aun no le garantiza una mayoría electoral ni parlamentaria. Ganar una elección es mejor que perderla. Perder una elección es mejor que evitarla, suspenderla,  perderla o prohibirla. La oposición no kirchnerista aparece escabullida de la primera plana mediática a la que recurrieron incasablemente hasta antes de las elecciones. Hoy que el escrutinio muestra irregularidades que rozan el fraude, su silencio y falta de compromiso es otra manera de mostrar su odio hacia Cristina y una sutil cercanía y defensa del modelo económico y político por fuera del ámbito parlamentario.