17 ago. 2017

Los 35%, los 65%

Por Nacho Fittipaldi 

Una desaparición forzada, una detenida política, despidos como para hacer dulce, represión preventiva, ajuste, aumento exponencial de la deuda externa, sub-ejecución presupuestaria, bono a 100 años, Lebacs de incierto futuro, aumento de la pobreza e indigencia, disminución de la decencia, etc. Nada de eso parece hacer mella en el electorado que eligió a Cambiemos en la provincia de Bs.As. ¿Es eso así? Este es un primer punto a discutir. ¿Podemos afirmar que todo lo que queda por fuera del 35% de Esteban Bulrrich es un voto opositor? A mi humilde entender no. Efectivamente hay un 65% que no votó por Cambiemos pero ese universo es de compleja y heterogénea composición. Tal vez sea conveniente especificar el enunciado. Tal vez sean opositores, estén disconformes con el modelo económico pero esa supuesta homogeneidad no se sostiene cuando hablamos de los dirigentes opositores que también encabezan el rechazo al modelo económico. Digamos, el voto que no fue a Cambiemos y que no es kirchnerista, rechaza el modelo económico-político pero también rechaza a Cristina.  
Por otro lado, el votante de Massa, ese que acompañó gran parte de las medidas de gobierno en el Congreso de la Nación, no puede categorizarse como un voto tajantemente opositor. Excepto que desconozca el hecho objetivo de que el massismo co-gobierna la legislatura bonaerense; y en segundo lugar porque no se ha desmarcado a nivel nacional del rumbo tomado. Las urnas así lo demuestran. El voto a la izquierda, Unidad Ciudadana e incluso el voto a Randazzo es en cambio un voto en contra a las políticas de gobierno.
El votante de Cambiemos escoge sostener la confianza en el gobierno basándose en las políticas implementadas, las expectativas y sobre todo un profundo rechazo a la figura de Cristina que es recapturada una y otra vez como un pasado al que conviene tener siempre cerca para exorcizar. Pero más allá del análisis electoral quería llevar el análisis a un punto más cualitativo, algo más difuso y por tanto endeble. Un punto de análisis que abarca el profundo cambio cultural que Macri propone y la empatía que genera en sectores que son, y serán, la variable de ajuste del modelo.
La realidad discursiva de Cambiemos es la mayor construcción política de la que pueden dar cuenta. Para ello es necesario e ineludible la cooperación de las corporaciones económicas y mediáticas; la estética cuidada; la direccionalidad discursiva; el mensaje; y la plataforma sobre la que ese discurso trabaja. Esa plataforma encuentra una base ciertamente real que es lo que el kirchnerismo ha dejado como cierto. Un regalo, una parcialidad. Esto no implica negar los muchísimos logros del Kirchnerismo pero sí relativizarlos. En esa relativización es donde comienza a tallar el discurso de Cambiemos, allí debemos encontrar algunas de las explicaciones que permitan explicar el último resultado electoral, independientemente de que Cristina gane por un punto o pierda por medio. Mientras se acepta esa relativización, las corporaciones mediáticas y sus periodistas devenidos en dirigentes políticos agotan su tratamiento en cuanto medio es posible. Pongamos un ejemplo. El dato de pobreza: ¿Es cierto que Macri aumentó la pobreza? Sí. ¿Es cierto que Cristina concluyó su mandato habiendo entre un 25% y un 30% de pobres en Argentina? Esa es una respuesta que no podemos confirmar. No sé. La respuesta sería un SI, relativo. Y un NO, relativo. En principio la trampa está plantada por el propio kirchnerismo, al no haber datos de aquél INDEC la discusión está vedada, viciada. Al no poder dar la discusión objetivamente (si es que hay datos objetivos) entonces hemos perdido esa discusión, o al menos se le ha concedido a Cambiemos la posibilidad de que esa contra argumentación sea esgrimida. Lo mismo sucede con las estadísticas de inflación, y por fuera del INDEC, con las de seguridad pública. ¿Ello niega la disminución de la pobreza entre 2003 y 2015? De ninguna manera, pero lo relativiza profundamente, lo bastardea. El punto es que un gobierno que se suponía inclusivo, como lo fue el kirchnerismo, sale perdiendo o empatando una discusión en la que se creía vencedor. La discusión mediática está perdida. Esa verdad relativa es diseminada por doquier. Ahora bien, el discurso de Cambiemos trabaja sobre hechos como esos, de los que hay varios mas, y sobre otras ficciones que construyen hechos. Digamos, la discusión sobre el financiamiento de la empresa ARSAT forma parte de algo totalmente periférico que no se juega electoralmente. La idea de pobreza, servicios, trasporte, y obra pública son ideas y conceptos más concretos y visibles. El 35% de votos de Cristina asume que en esos ítems el gobierno anterior hizo más que el actual, no la vota solo por eso, pero supone que lo anterior es consecuencia virtuosa de un modelo “Nac&Pop”. Dicho esto cabe plantear que Cambiemos, y en especial Vidal, toma esos mismos ítems y plantea lo inverso. Hace 25 años que no se hace nada de nada. Hasta Cafiero llega la pesada herencia. La confrontación es total e irreconciliable. Por lo tanto el análisis de lo estrictamente político excede lo eminentemente político. Se llega así a un terreno en el que la construcción del voto se constituye a partir de los indicadores mencionados, matizados por la relativización de sentidos que toda representación implica. Una representación de sentidos que está atravesada por el género, la edad, la formación educativa, la experiencia frente a los hechos históricos, los prejuicios, la coyuntura. En ese esquema, hoy por hoy, hay un empate. Atención, es un empate 35% a 35%, entre Cambiemos y Cristina, y no sirve pensar aquel 65% como una unidad, no se destraba por la sumatoria de los votos de Massa, Randazzo y los otros. En todo caso también se podría decir que el 65% del electorado no eligió a Cristina y que ese 65% relativiza los logros del kirchnerismo que el núcleo duro de Cristina entiende como concretos. La disputa es entre un modelo neoliberal y otro que no lo es. Un modelo que ajusta y que es felicitado por los organismos internacionales de crédito; y a su vez NO fue castigado electoralmente por los ajustados como uno hubiera creído. Por lo tanto no hay razones para pensar que el ajuste cesará, más bien lo contrario. El 35% que no voto ni a Unidad Ciudadana ni a Cambiemos decide la elección de octubre, otra vez como en 2015.
El cambio de Cambiemos es un pase mágico. Es deteriorar las cosas sin hacer de eso una tragedia griega. Es una venta constante de expectativas que solo es posible bajo, al menos, dos condiciones básicas, a) ejecutar el truco a la perfección; b) que la experiencia del pasado no haya sido tan positiva como la minoría intensa del kirchnerismo cree y que los rasgos más deleznables adjudicados a Cristina afloren una y otra vez. Esto es algo que hasta ella misma ha entendido, de allí el cambio de estrategia electoral. De allí que no alcance para octubre bajo las condiciones que hoy le aseguran ese 35%. La experiencia cultural de Cambiemos explota como nadie ese sesgo de verdad sobre una porción determinada de la población bonaerense. El problema no es que eso sea así, el problema es que ese pliegue, o rizoma, va en aumento en el territorio nacional. Como dijo el patético Gustavo Noriega el lunes pasado ante la pregunta de si le gustaba este gobierno, o no. Noriega respondió, “Hay cosas que me gustan y cosas que no. Pero este gobierno a diferencia del anterior, me sacó la política de la espalda. No me obliga a problematizar todo, a darle un sentido político a cada cosa” Ese hartazgo que expresa el periodista es una definición banal que él puede permitirse dado que tiene la barriga llena. Pero sin embargo no debiera pasar por alto un claro contraste entre Cristina y el presidente con problemas de lectoescritura. Por imposibilidad y estrategia, Macri ha aplanado de sentido la política y la historia nacional. La infantilización de sus argumentos se desparrama por cada uno de los ítems que abarca, su punto más alto de intelectualidad es al hablar de futbol y eso, a diferencia de Cristina, genera más empatía que odio. De eso se trata. Sobre un terreno fértil, la construcción de una estrategia. 

La disputa entre un modelo neoliberal en lo económico y conservador en lo político-cultural versus el modelo “Nac&Pop”, reconoce un campo más: El respeto a la voluntad popular. Este modelo neoliberal es un modelo con muchos votos a nivel nacional que aun no le garantiza una mayoría electoral ni parlamentaria. Ganar una elección es mejor que perderla. Perder una elección es mejor que evitarla, suspenderla,  perderla o prohibirla. La oposición no kirchnerista aparece escabullida de la primera plana mediática a la que recurrieron incasablemente hasta antes de las elecciones. Hoy que el escrutinio muestra irregularidades que rozan el fraude, su silencio y falta de compromiso es otra manera de mostrar su odio hacia Cristina y una sutil cercanía y defensa del modelo económico y político por fuera del ámbito parlamentario.

8 jul. 2017

Aristimuño, el gran versionador

Por Nacho Fittipaldi


Tal vez a Lisandro Aristimuño sea junto con Aca Seca y el Chango Spasiuk, los artistas a los que más veces he ido a ver, agrego también a Tabaré Cardozo. Esa repitencia responde a órdenes distintas. Aristimuño es a mí, modestísimo entender, desde hace muchos años el músico argentino de la escena pop-rock con mayor proyección, mayor presente y con un futuro arriesgado e impredecible. Todo depende de él. El éxito tan temprano puede ser un riesgo enorme.
Ayer en el Coliseo Podestá en medio de una noche inclemente, asistimos otra vez a una gala musical con muchísimos antecedentes en mi biografía personal que lo tienen a él como protagonista recurrente. Aristimuño además de ser un compositor muy respetable es básicamente un orquestador y el mejor versionista de sí mismo. Por eso vuelvo a verlo cada vez. Ejemplo: Hace unos años había comprado entradas para verlo en el ND Ateneo (por entonces se llamaba así), la fecha era de viernes. Por casualidad unos amigos me habían regalado entradas para verlo al día siguiente en La Plata. Y eso que podía haber implicado un terrible fastidio por ver dos veces el mismo show se convirtió en una extraordinaria lección. Resulta que el muchacho tímido y algo vanidoso del sur tenía dos shows completamente distintos en donde no solo no repetía el repertorio sino que además los arreglos eran totalmente distintos a los de sus grabaciones en estudio y los del día anterior. Esta lógica quedó comprobada cuando él comentó en una entrevista  que tenían tres shows distintos ensayados con su banda. Claro, luego de verlo al menos una vez por año desde hace  diez, esto podría implicar para Uds. que leen, suponer que nada podría resultarme novedoso u original. Y ese es exactamente el punto. Cada vez que vi un recital suyo había algo nuevo para destacar, o los arreglos de su voz, o las del coro, o el sobresaliente cuarteto de cuerdas que ahora parece haber abandonado y remplazado por un teclado y con la presencia del bajo más que la del chelo. Ese enroque, tal vez tenga sus consecuencias. O a veces la presencia más marcada de las guitarras eléctricas, o simplemente mayor presencia suya como solista para interpretar canciones melódicas, o a veces no y entonces la faceta mas rockera de la banda aparece con una potencia inusual para un octeto que mixtura la batería de un power trío con las sutilezas de la viola y el violín, y la distorsión de la electrónica que jamás desentona. Una conquista suya.

Pero ayer había otra cosa en juego, después del desmesurado  Mundo Anfibio y de sus sucesivos grandes Gran Rex, (la historia de la música en algún momento dirá “te acordas de los Gran Rex de Aristimuño??” y eso será como evocar los Luna Park de Sui Generis, tal vez) mi pregunta era qué más puede hacer. Pues bien, lo que vino fue Constelaciones y para mi modesto gusto lo que vino no era superior a Mundo Anfibio. Esto es subjetividad pura, quiero decir que la música, las canciones, los climas, los arreglos, etc. no me llegaban ni me poseían como lo anterior. Aclaración: en un cd con diez temas hay al menos cinco que son geniales. Y aquí hay otro acto de injustica. Diría, si queres saber quién es Aristimuño anda a verlo en vivo, y si podés andá al Gran Rex. Nada es igual después de eso, incluso para él. Creo que es su propia trampa y limite. Y ayer lo hizo de vuelta, otra vez ahí, sentado con cierta angustia por saber que lo que iba a ver no me satisfacería si se despachaba con todo el nuevo material, aun habiendo oído su ultimo Cd una vez por día, durante veinte, para poder apreciar mejor lo que desde el día de mi cumpleaños sabia era mi regalo.
Ayer desbordó otra vez, nuevamente su banda se puso por delante de su reciente e infame estrellato, a manos de chicas que no aguantan callarse la boca y gritarle “te amo” al alguien que parece despreciar esas manifestaciones. El recital de ayer estuvo marcado por un juego de luces (qué antigüedad) que colaboró en un clima intimista por momentos, él solo con su guitarra, susurrando palabras entre luces blancas que proyectan su figura sobre el techo del teatro, son como fantasmas de la opera encontrando la butaca donde sentarse y disfrutar. También son las prolongadas introducciones que ejecutan sin haber qué canción arranca dado que aquí todo está permitido y las introducciones son canciones instrumentales en sí mismas; o la sutileza de un teclado demasiado bajo quizá, pero que cuando se oye suena precioso. O esa sonoridad total que llega con Plug del Sur, o En mí, y entonces estoy contra la butaca, con la cara desdibujada como un niño nuevamente engañado, como un adolescente que pese a su creencia madura ha quedado atrapado por el mago, intentando descubrir el truco. Ese riesgo es el suyo, y lo somete al infinito a reversionarse una vez más, cada vez, siempre que se presente sin ánimo de repetirse. Su inigualable virtud. Ser uno distinto cada vez. Reitero, él es su mejor versionador. ¿Cuantas veces puede superarse a sí mismo sin falsearse? ¿Cuántas veces un artista puede hacer su mejor libro, su mejor cuadro, superarse, una y otra vez? Él parece tener la formula, la paleta, las hojas, el brillo, la pelota ideal para el mejor gol, la musa oportuna, el paisaje ideal para lograrlo cada vez.
La muestra cabal de todo lo aquí dicho es que por primera vez en mi vida, he visto a uno de los agentes de seguridad del teatro, un mono de dos metros, cantar, aplaudir, reírse, bailar en el pasillo del teatro, más preocupado por el disfrute personal y colectivo que por la seguridad.

Aristimuño lo había hecho otra vez adelante de todos, de la galera había sacado un conejo azul, con ojos rojizos y preocupado, como queriendo volver al plano de donde lo habían sacado.

30 mar. 2017

Mañana silvestre

Por Nacho Fittipaldi


Cada mañana termina en un combate. Por la ropa, por el desayuno, por la tele, por los horarios. Piero y Sabino comenzaron a disfrutarse y eso es también una disputa horizontal, constante. Hoy me toca a mí. Piero pide:
-          -  ¿Papá me pones los guantes?
Afuera hace 25 grados, son las 07.45 hs de la mañana, el tiempo apremia, Piero está en pijama,  falta que se lave los dientes, sacar el auto, subirlo, atarlo, cerrar el portón, llevarlo a la escuela  y recién allí podré ir a nadar.
-   - No Piero, no hace frío, esos guantes son muy caluroso y tardo un montón en ponértelos. Dale vestite. No tenemos tiempo.
Piero comienza a llorar como cada mañana. No sé por qué me enojo de una manera desmesurada. Me arrepiento. Le propongo que se vista y luego le coloco los guantes. Piero acepta, lo acaricio y le pido disculpas. Piero agrega:
-          Estos guantes son muy lindos Pa, y muy caros, me los regalaste vos. Gracias papi.
Piero conoce los puntos débiles del padre, y aunque los guantes son del invierno pasado sabe qué decir y en qué momento colar sus palabras, el tono, la cara y una gestualidad.
Finalmente llegamos más temprano que lo pronosticado en mi cabeza. Apenas tres familias han llegado a la puerta de la escuela, ésta solo se abre a las 08.00 Hs y se cierra quince minutos más tarde. Fatídica, dictatorialmente. A Piero le gusta llegar primero, lo cual no sucede jamás, hoy y pese a todo estuvimos cerca. En la cola para entrar se producen charlas amigables entre los chicos, entre los padres (excepto yo) educados que forman parte del “grupo de los papis”. A esta hora son todas mujeres, a pie, en bici, con un pibe, con dos, con tres, con dos pibes y un perro, con un perro y una beba, en fin, combinaciones múltiples. Las mujeres conversan, no sé de qué, nunca se cómo hacen para tener tema de conversación, ni para terminar creyendo que a otro le puede interesar eso que están balbuceando. Señores, son las ocho de  la mañana. ¿Hay necesidad de sacar tema porque sí? ¿Hay que hablar sí o sí? Incomprensible.
En esa quietud y en la cierta incomodidad que me habita, sucede algo imprevisto y no previsible. O sí. La pelea comienza cuando uno de los perros de una mami invade el territorio de otro perro callejero que está siempre en la escuela. El primer ataque es solo una amenaza, pero la amenaza no provoca el repliegue del perro invasor, apodado Charly. Charly se planta y entonces lo que era una amenaza se convierte en un certero mordisco en el cogote. Ambos gruñen, muestran sus dientes, son dos perros grandes, de aspecto desagradable ambos, intimidante. Uno lleva el hocico ya blanquecino (como yo) es el dueño de la puerta. Las mamis gritan y al unísono dirigen su mirada hacia mí, el único hombre en la escena. Están en pedo si piensan que voy a intervenir, pienso para mis adentros y un minuto más tarde estoy haciendo algo absurdo y sin convicción.
Los perros se tienen amordazados mutuamente, uno por el cuello, el otro a una pata delantera. Yo les grito, como si eso bastara, “fuera!! basta!!” Todo muy absurdo e inútil. Esto requiere de una actitud y determinación inhabitables en mí. Al menos hoy. En todo este circo he quedado de espaldas a la fila de mujeres que piensan entre sí, “mira este pelotudo no se anima a separar a dos perros” pienso en darme vuelta e increparlas. “Para qué mierda traes a tu perro, me queres decir??” Callo. La puerta no abre pese a que son más de las ocho. Busco un palo para pegarles a ambos, no sea cosa que la mami reclame justicia para su perro. No hay nada. Tomo otra decisión desacertada. Decido tirarle una patada al perro más viejo, pienso que si me ataca será con menos velocidad y ferocidad que si me atacara el perro más joven, alias, Charly. Olvido que el pantalón que llevo puesto es de esos modernos que tiene tiro bajo y tipo babucha, es un jogging, pero tiene estas limitantes. Al lanzar la patada el tiro del pantalón provoca un efecto resorte/inverso, la patada no sale del todo y medio que me tira para atrás, mi pierna queda en el aire y ante todo quedo como un tipo con poca agilidad (cosa discutible), cagón y perdedor (aspectos indiscutibles). Los perros continúan en una pelea bastante más prolongada de lo habitual. Ahora han saltado la zanja y están en un lugar en el que no quepo. Una suerte. Llevo mis manos hacia los bolsillos del pantalón, estoy parado en el medio de la calle, ellos han cruzado la calle en medio de las corridas, fijo preocupación por la integridad física de los animales. Cosa que verdaderamente me chupa un huevo. La mami grita sin moverse un centímetro, junto a la puerta cerrada, “Charly, Charly basta, vení” y después otro infame “Charly, Charly, Charlyyyy, vení, vení, vení” nada de eso surte efecto. Finalmente recojo una piedra y antes de tirársela a uno de los dos, los perros deciden abandonar el combate. Sé que ahora viene lo  peor. ¿Alguien interpelará mi accionar?, limitado por cierto, ¿alguna mami dirá una frase desafortunada? Al girar y quedar de nuevo frente a la cola de padres y niños que pugnan por entrar veo que la cantidad de personas ha aumentado exponencialmente. Veo que hay otros hombres y que todos han decidio no actuar, veo a uno de ellos que es gendarme con cara de “esto se resuelve de otra manera papu” tiene cara de estar vigilando todo el tiempo. Regreso junto a Piero y desafortunadamente, pese a haberle puesto los guantes, es pierito el que lanza:
-          -  Mi papá le tiene miedo a todo.
Otra vez las palabras y las cosas. Como el día que chocamos rumbo al jardín y luego de todo el shock, ver como estaba él, intercambiar datos, pólizas, mientras la lluvia me mojaba, llegando al jardín dijo, “Llegamos tarde por tu culpa” así es este pequeño monstruo.

Luego la puerta se abre, el perro viejo ingresa antes que nadie, Charly se ha ido en otra dirección y al fin me escabullo en la zona gris de mi propio yo.

22 mar. 2017

Marcha blanca

Por Nacho Fittipaldi

Escribo desde la emoción y desde un plano en el que los sentimientos y la mirada crítica, hija de mi formación, me atraviesan de manera múltiple y variada. Lo hago desde un lugar de cierta comodidad, sin apremios económicos, casi sin riesgos laborales. Soy privilegiado.
Salir a la calle se convirtió en costumbre durante estos últimos años, desde el 2016 salir a la calle fue sinónimo de protesta. Hoy salir fue sinónimo de desagravio.
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?
El presidente y la gobernadora agredieron un símbolo emblemático, su pelea será ardua. Hoy en la manifestación vi mucha gente alegre, lejos del enojo que, descuento existe, vi alegría. También por eso es necesario salir, quejarse, putear, marcar la cancha y sus límites forman parte de la terapia. Vi docentes y alumnos, padres y jubilados. Docentes jubilados ya, con cara de <<con nosotros no>> Y había sueltos, gente que iba y venía. La marcha nunca es estática. El flujo de gente es continuo. Como pocas veces vi carteles así de originales; pancartas, afiches, remeras caseras, pintadas, de todo vi. Estaban los ya clásicos vendedores de remeras, los de hamburguesas, gaseosas y choris. Gente que vende cosas insólitas, lo que puede. Vi automovilistas poco enojados con las manifestantes tocando bocina en señal de respaldo. Pregunta: ¿Por qué Rodríguez Larreta no ordenó cortar las calles para que las columnas que ingresaban por 9 de Julio, Diagonal Norte y Sur no se toparan con los autos que quedarían allí por horas?

El agravio es doloroso pero además debe encender una señal de alarma. Macri no cree en la educación pública no porque sea, supuestamente, ineficiente e ineficaz según los datos de la prueba  Aprender. No está pensando en aquellos que efectivamente no pueden pagar una cuota, para ellos habrá peores noticias. Macri necesita una educación que esté a tono con la re primarización de la economía y con la idea de convertir a la argentina en un enclave geográfico de producción a bajo costo. Necesita que la educación este a disposición de tan indecible fin.
Sobreponerse a la humillación de Macri y Vidal implica un acto de grandeza por parte de padres, alumnos y docentes. El acto de grandeza se produjo hoy. Manifestarse hoy, con la heterogeneidad demostrada, implicó hacer visible lo que hasta ahora solo recaía en Baradel. La ignorancia del presidente y sus socios son una ignominia. El gobierno nacional lo es. Frente a eso hay un colectivo que reivindica conquistas históricas que Macri desconoce profundamente. ¿Cómo se compatibiliza eso, esa disociación entre el presidente y su pueblo? No lo sé. Ese conflicto se está jugando y desatando, este tipo de agravios son mucho más profundos y complejos que lanzar un conjunto de insultos vagos e inexactos al kirchnerismo. Ese esquema es más sencillo aunque también parece haber perdido eficacia. Meterse con la educación pública es ir al hueso de la clase media y por lo tanto al hueso de la historia de la lucha de clases en Argentina.  Entonces las plazas se llenan de docentes y de pibes, de slogan tan eficaces como <<conozco varios nobeles salidos de la educación pública. No conozco a nadie tan bruto salido de una escuela privada como Ud. señor presidente>> Efectivos y breves. U otro que decía, <<Macri, caete en la educación pública que en un año te enseño a leer de corrido>> Pero además hay algo muy significativo que está en el seno de esta cuestión, todos los que nos criamos escuchando que la educación pública es de calidad e inclusiva, que es un derecho, nunca le decimos lo contrario a nuestros hijos. Jamás le enseñamos lo contrario a nuestros alumnos. En cualquier escuela en donde haya habido un desaparecido o un asesinado, o simplemente buena leche, se sabe que los desaparecidos son 30.000. Entonces llega una columna de docentes cuya primera fila luce unos doce guardapolvos blancos con los nombres, la fecha y la cara dibujada de los desaparecidos correspondientes a la seccional de un sindicato determinado. Se me estruja el corazón. Sé que el 24 marcharemos con mis hijos y mi compañera en memoria de aquellos y siento asco por quienes intentan estropear el proceso de construcción colectiva de la memoria.

Veo todos estos pibes que dicen que ellos son la educación pública aunque la operación de prensa sea asimilar eso con algo desdeñable, de baja calidad y solo para aquellos que el mercado nos les permitir ingresar a la educación privada. Es como levantar la mano y decir <<soy un negro de mierda que no puede pagar una privada>> y son millones señor presidente, sépalo, infórmese. Al menos para saber de qué tamaño es la lucha que se propone librar. Sepa también que para dar grandes batallas hacen falta hombres y mujeres con grandeza de espíritu y no veo, honestamente, por dónde le quepa esta cuestión. Disculpas.

Hace unos meses, bromeando, alguien me preguntó, <<¿qué harías si fueras ministro de educación de la nación?>> y respondí que no sabía, que lo único que tenía claro era que replicaría a nivel nacional la mayor cantidad de escuelas de arte posible y pondría tantas orquestas escuela como me fuera permitido. Pensando que la educación tiene que generar sujetos libres y creativos y que esa es la mejor herramienta que un pibe pueda tener. Hoy viendo lo que estos cosos se proponen, de dónde vienen y cómo hablan, lo brutos y crueles que son, vuelvo a regocijarme en mi imposible idea y sueño con eso a diario como alguna vez alguien habrá soñado en una manifestación como la de hoy.

8 sept. 2016

Nostalgia a café

Por Nacho Fittipaldi

Una rutina se cumple cuando se ejecuta. Entonces subo por calle Bolívar desde La Boca hasta Plaza de Mayo, los carros hidrantes lucen amenazantes allí, en una mañana absurda a juzgar por su presencia. La plaza está calma, el cansancio y la indiferencia no vencen a los combatientes de Malvinas que, desde hace años, acampan. Unas cuadras antes de esta nueva escenografía PRO camino por calle Alsina, paso por delante de una vitrina por la que he pasado varias veces y nunca he entrado. Su configuración es intimidante, tal vez atente contra la propia prosperidad del comercio. Desde el frente cuelgan tensos toldos de color rojo intenso, ahora deteriorados apenas por el desgaste solar, vidrios impecables que ofrecen delicias bien presentadas, cortinas que apenas reflejan “el sol de este otoño que hiciste primavera” dice la canción. Parto del supuesto que los restaurantes, bares o locales que no dejan ver lo que hay dentro atienden a tres razones: O son carísimos, o son prostíbulos, o son prostíbulos caros. Los alfajores de maicena brillantes despejan algunas opciones, delante mío un hombre común ingresa al bar. La Puerto Rico está ubicado en calle Alsina entre Balcarce y Defensa. Otra vez la cuestión de clase prefigura el comportamiento. Decido entrar solo porque el que entró frente a mí tenía aspecto de poder pagar el café que también yo estoy buscando. Sí él puede, también yo. Arriesgo. Al abrir la puerta me topo, mejor dicho casi me llevo puesto, a esas ¿estatuas? que pululan por Av. Corrientes y otros sitios emblemáticos de la ciudad: Olmedo y Porcel, Minguito, Juan Carlos Calabró, la de Sandro en el Gran Rex sentado en un sillón es algo que apenas puedo tolerar. Qué necesidad. Fisonomía PRO. Esta, a diferencia de las nombradas, es ininteligible. No se sabe quién es, podría ser Juan Carlos Mareco pero qué sentido tendría. Una peluca infame cubre el cráneo, camisa negra, pantalón de vestir gris y una botella de Anís 8 Hermanos lo acompañan en una mesa en la que se ve una partitura. Descartado Mareco, quién carajo es. ¿Mariano Mores? Indescifrable, qué pensará Mariana Fabianis.  
Busco una mesa entre las cientos de mesas posibles, el lugar es verdaderamente grande, cómo se llena esto, no hay más de once personas, una chica se acerca y me dice, “Señor?” le comento que voy a desayunar y que estoy solo. Pido un café con leche y dos medialunas, como nunca sé cuáles son las de grasa, y cuáles de manteca, le digo que es lo mismo y que traiga lo que quiera. El salón es algo oscuro, lo dicho, el toldo de afuera logra cierta intimidad que adentro se reproduce como un frío crudo, observo los artefactos de calefacción y compruebo que están esplendorosamente apagados. Afuera la garúa se hizo lluvia y la gente apresura el paso. La moza me rodea por el costado, se pone de frente y con dos jarros de metal, comienza a servir el café, uno por vez. Es una trompada. La ignota muchacha es ahora vehículo, reconozco eso que hace mientras dice “Dígame hasta cuando”, necesita que le dé la indicación de cuanto café deseo y lo mismo con la leche. Esa práctica antigua, casi extinta, que ella hace con displicencia me deposita en el salón comedor del hotel de Chapadmalal, ¿año 1987, 88, 89? Un hotel querido, remoto, gigante, peronista, al que ya no recuerdo cuantas veces fui. Íbamos en familia antes de que todo estallara por los aires. La costa atlántica es una línea de tiempo en la que las historias de vida se recortan como cicatrices personales. Allí fuimos familia. Fue lo que fuimos y en una ola estábamos todos. Después ya no. El olor a café perforaba las paredes del salón comedor, las tostadas llegaban tibias, la mermelada en esos diminutos potes que nosotros acopiábamos a instancias de Papá para la merienda de la tarde que hacíamos en los acantilados. Una vez volví.


La Puerto Rico lleva nombre caribeño para un café-restaurante-boliche en donde hace frío polar. Las baldosas llevan dibujadas y pintadas unas palmeras en negro y verde, hay un escenario y un falso telón color carmesí empotrado en la pared. El falso telón simula un telón. Con parsimonia y cara de habitué ingresa Juan Sasturain, me mira con cara de <<nos conocemos>>, devuelvo el saludo con respeto y deseo de que así fuera. Se sienta junto a una piba de unos 29 años que lo espera desde hace rato. Las medialunas son altas y amarillas, ¿todo es PRO en esta ciudad?, el tamaño es más bien cercano a una bondiolita de cerdo, como si la hubieran inyectado, como si le hubieran dado el mismo complejo vitamínico que tomaba Messi para crecer, tamaño de mini pan dulce, similar a la enana Noelia Pomba. Incomibles, ojo, no tanto por el sabor sino por el esfuerzo mandibular, desafío límite para las articulaciones, y el decoro de mantener la boca cerrada, dentro de lo registros civilizados de una sociedad promedio. La altura del local es algo llamativo, el frio lo abarca todo, las columnas (debe haber al menos seis en todo el local) son robustas como para sostener un puente como el que intentó construir Menem. Buenos Aire-Colonia prometía el riojano. De las columnas surge una nota de originalidad, han pasado de manera circular un anillo metálico que cubre el ancho de la columna y desde allí cuelgan unos ganchos para que la columna sea perchero. Si de allí pendieran abrigos, el espectáculo sería grotesco.

Intento leer un libro de historia del siglo XIX pero la verdad es que el escenario general me tiene tomado. La Puerto Rico también funciona como panadería. Las parejas , la gente que hay es toda grande y fea, no hay nadie lindo, ni la estatua. Cada vez que levanto la vista de las hojas la veo frente a mí, allí está, inerte, suspendida en el tiempo. Sea Mareco o Mariano Mores, lo que tiene en el atril no es una partitura: Es la carta, el menú del local. Junto a ella hay un piano, la confusión es total. Conjeturo. Sí es Mariano Mores sería lógico que aquello fuera una partitura, pero entonces por qué no poner la estatua junto al piano y una partitura de verdad. No. Lo ponen en una mesa en actitud de leer una partitura que es menú y con una botella de 8 Hermanos, lejos de ser un homenaje esto es una ofensa. No soporto más. Llamo a la moza, le pregunto. ¿Me podrías decir quién es el de la estatua? La piba me mira como extrañada, como si le estuviera hablando en Sefardí. “Ni idea señor, no sé quién es –y se excusa- soy nueva”. Pienso que todos somos nuevos en algo y que la apariencia externa de este lugar ubicado en el casco histórico de la ciudad, aún bella, antigua, distinguida, no es lo que La Puerto Rico es por dentro, es todo eso y por momentos la sensación que de jueves a domingo esto es un terremoto de merengue, ron y Caribe. Un contraste desmesurado entre un afuera y el adentro.  La costa atlántica también es eso, una biografía familiar deshilacha por el tiempo.

27 abr. 2016

Un jardinero peligroso



Por Nacho Fittipaldi

Roberto es un Sherpa de cantero. Cada un año o dos aparece en casa con la precisión de las tormentas estacionales. La primera vez fue para nivelar el terreno de casa. Había que entrar varios camiones de tierra y emparejar lo desparejo. Lo llamé, su voz y su manera de hablar me generaron desconfianza. Cuando lo vi el prejuicio dio lugar al juicio y el juicio es lo que escribo. Será justicia.
Aquella vez nos sorprendió por su fortaleza física, Roberto mide 1,55, tal vez 1,57, su contextura es menuda pero evidentemente su fuerza es brava. Entra y sale una y otra vez; una carretilla, dos, tres, cinco…perdemos la cuenta. En aquella oportunidad andaba con un hombre muy mayor, bajito y ancho como un frezzer de almacén. En esa primera visita a casa no hubo incidentes que lamentar, luego vino la época de plantar y dar vuelta la tierra, y sembrar pasto, eso lo hice yo. La segunda vez que vino ya fue por dolencia. Creo que yo estaba en cama y el pasto crecía y el cerco a la par.
-          Roberto podrás venir a casa a darnos una mano??
-          Sí, si, voy, voy, no hay drama.
Le explicamos qué era lo que había que hacer y se dedicó a lo suyo con energía. En un momento se acerca y le dice a Pao:
-          Podo el sauce??
-          Nooooo, Roberto. Corta el pasto y nada más.
La respuesta había sido clara, contundente y hasta incluso cortante. Un rato más tarde el sauce lucía un corte entre bombé y carré. El sauce había quedado con una copa solo semejante a los cercos y arbusto que hay en Los cocos (Córdoba) en esa zona del predio en donde hay un laberinto hecho con cercos, paseo ineludible del viaje de egresados de 7° grado. Aún hoy, un año después el sauce luce raro y aulla cada vez que Robertito se aproxima.
-          Te dije Roberto que no lo podaras. Mira lo que hiciste!!!
Él pareciera no comprender del todo. A simple vista Roberto es débil mental pero a la hora de cobrar, factura como si fuera Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook.
Como consecuencia de apisonar el terreno se produjo otro episodio que pinta a nuestro amigo de cuerpo entero. Aquella vez Rober había usado un pisón, o rodillo, que se usa para apisonar y alisar el terreno. Este objeto era de un tamaño significativo, un rodillo de un metro y medio de largo por unos treinta centímetros de diámetro, rellenado con cemento y con una manija bastante arcaica para hacerlo desplazar. Este rodillo o pisón era pesadísimo, yo mismo  intenté moverlo y la verdad es que costaba un huevo. Ellos lo movían entre dos.
Un día se aparece en casa pidiéndonos prestado el pisón para hacer un trabajo en otro lugar. Ante eso nuestra respuesta fue, “No hay problema pero cómo te lo vas a llevar” Robertito tiene como todo vehículo una moto, desde donde una vez me insultó por la calle sin advertir que era yo, luego al reconocerme falseó una media sonrisa y me saludó como si nada;  también anda en un Fiat Uno que ahora cambió por un Fiat Spacio, un claro ejemplo de movilidad social descendente. O sea el cómo le imposibilitaba el para qué. “Yo me lo llevo” dijo seguro de sí mismo. Cabe decir que el pisón no pesaba menos de 100 kg. Pasan unos días y aparece Roberto con un amigo que tenía una cara de insano alarmante. “Hola –dice con voz aflautada y velocidad de chita-  vine a buscar el pisón” detrás suyo se ve la moto y un pequeño tráiler que es igual al que usan los jardineros para llevar bordeadoras, machetes, motosierras y hasta una máquina de cortar pasto pero jamás para trasladar un pisón de 100 kg. Pao lo advierte, “te vas a dar vuelta, se te va a dar vuelta la moto” Roberto insiste como si nosotros no quisiéramos darle el pisón, “Roberto te lo regalo el pisón pero no lo cargues ahí porque vas a tener un accidente o vas a aplastar al que venga detrás tuyo” El pequeño, o los pequeños muchachos van hasta el fondo del terreno, arrastran el pisón hasta el portón de calle e intentan subir el pisón al carro. La moto corcovea, relincha, se niega. La moto sede, y Roberto, no sabemos cómo, vence y se va.
Una tarde del año pasado suena el timbre, es Roberto:
-          Hola, cómo andas –Roberto parece un roedor con daño cerebral-.
-          Qué haces Roberto!?
-          ¿No necesitas que te haga el parque?
-          No. –su cara expresa algo distinto esta vez-.
-          Acabo de chocar, choqué con la moto –hace un silencio que yo entiendo como un socorro-.
-          ¿Estás bien, te golpeaste?
-          Si, golpeé un poco la moto pero estoy bien. ¿Tenes $100? –a mí la pregunta me descoloca, me pide plata cuando yo le ofrezco ayuda y a la vez con $100 no resuelve ningún quilombo (pienso) de los que el choque le puede haber provocado; él agrega:
-          Después cuando venga a trabajar te cobro menos
-          Sí, sí no hay problema –digo yo medio confundido- pero alarmado por el abuso del pedido.
Roberto es así, te obliga a tener la guardia alta todo el tiempo aunque su aspecto invite más a ofrecerle ayuda.
Dos semanas sin parar de llover, el pasto está muy alto y con mi máquina no puedo entrar a cortar. Lo llamo aunque sé en qué me meto. “Podrás venir a cortar??”
Llega temprano, la altura de siempre, remera manga corta, gorra con visera y anteojos de sol, no son anteojos deportivos ni playeros, son anteojos de sol pero de vestir, pantalones tipo pampero y borcegos. Cuando veo bajar sus herramientas le aclaro:
-          Roberto cortá con la máquina, no cortes con la desmalesadora porque quemas el pasto.
-          Sí, sí quedate tranqui.

Eso es justo lo que no va a suceder, sé que para que no haga cagadas estoy obligado a espiarlo desde adentro de casa, siguiendo paso a paso lo que hace porque un segundo de librepensador que le agarre y es capaz de podarte un árbol en extinción. Roberto camina un poco por el parque, es un Sherpa de cantero, agrega, “No tenes una bolsita para juntar la cacona de la perra”, el detalle de la palabra <<cacona>> es algo que apenas puedo tolerar, la risa me invade. Arranca a trabajar, en 20 minutos corta todo el parque, ahora junta el pasto, yo me tomo un mate y de pie, detrás de la cortina observo lo que este potro de la naturaleza realiza. Roberto es dueño de una brutalidad anestesiada. En cualquier momento se enciende y genera el infortunio. Yo sedo ante mi propio yo. Repaso las órdenes que le di como para convencerme que fui claro: cortar el pasto, cortar el cerco, limpiar los yuyos que taparon a las plantas y cortar el pasto de la pileta. Eso dije. Cuando levanto la vista veo a Roberto adentro de la pileta cortando el pasto, en verdad no está haciendo eso ahora. Lo miro y no entiendo. Cómo hizo. Qué carajo hizo para hacer lo que mis ojos ven. Roberto está de pie en la vereda de la pileta, la desmalezadora está al revés, la parte de la tanza con la que corta está mirando al cielo, en el aire la maquina ruje, fu fu fu fu, él hace un movimiento como si tuviera un dorado al otro extremo de la línea, mueve la caña, la tensa, el dorado no salta, la media sombra que cubre la pileta de las hojas otoñales se estremece, esta enredada a la tanza de la máquina, entabla un dialogo con el sauce, solo ellos comprenden. La media sombra está abierta exactamente a la mitad como si la hubiera abierto con una trincheta. Estoy cansado de controlarlo y que no surja efecto. Robertito lo arruinó otra vez. Su fuerza es bruta pero por sobre todo: Libre.

20 abr. 2016

El cielo peronista


Entrevista al artista plástico Daniel Santoro y al escritor Juan Diego Incardona


La estética, la cultura, la simbología peronista y su capacidad necesaria de refundarse  constantemente. Civilización y barbarie. Una charla entre compañeros, un audaz acercamiento, preciso y profundo, con dos referentes artísticos ineludibles del imaginario peronista.




Por Nacho Fittipaldi

El cielo está azul y la calle seca, el calor primero rebota en las paredes y luego de manera incordiosa, en el cuerpo. Llego a la casa de Daniel Santoro en donde hemos acordado hacer la entrevista junto al escritor Juan Diego Incardona. La casona de Santoro tiene varias particularidades, una de ellas es que el portero tiene tres botones de timbre, elijo uno al azar pensando que he equivocado la numeración de la casa. Luego sabré que todos los timbres suenan en la misma casa en donde Santoro tienen una suerte de museo de artes plásticas propio y espacios en donde el mundo pareciera ser resumido en millones de objetos de los tamaños y las apariencias más variadas. La puerta es abierta por una adolescente, entro a la casa-museo y espero que él llegue. Daniel se demora, primero llega Incardona; es un muchacho que viste camisa negra de mangas cortas, jeans azules y zapatilla negras. Incardona nació en Villa Celina, es un joven escritor que lleva publicados cuatro libros. Actualmente está terminando otra novela que se llama Las Estrellas Federales <<pero esta no está dentro de la zaga peronista>>, aclara; también coordina el área de letras en el ECUNHI, de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. En el camino de la mitologización del universo peronista Incardona no está solo. Uno de sus compañeros de ruta es el artista plástico y referente de la cultura popular, Daniel Santoro, quien ilustró su libro de relatos, Villa Celina. La narrativa de Incardona se construye  desde la calle, con un vocabulario poco pomposo pero tan efectivo como logrado, aborda la realidad con la lógica del mito-barrio, lo fantástico, la resistencia, y peronismo con vuelta de tuerca son, sólo algunas de las ideas que trasuntan cuando se va al encuentro de esta serie de textos. Cuando Santoro abre la puerta de su casa y su figura se deja ver, uno tiene la impresión de haber encontrado esa figurita que nunca aparece a la hora de completar el álbum. Santoro viste de una manera distinta a la de los reconocidos artistas plásticos de la élite porteña (quizás sea puro peronismo) mas semejante a un pibe del conurbano bonaerense que a un atildado artista del MALBA. Camisa a rayas grises y negras, mangas largas arremangadas hasta los codos, jeans negros y esos borceguíes también negros que ya he visto en otras ocasiones indistintamente del calor que haga y que acompañan, aquí y allá, como ese par de anteojos que cuelgan desde su cuello; el tamaño del cuerpo de Santoro es semejante a El Descamisado Gigante que él mismo ha pintado en 2006. Santoro tiene una innumerable serie de cuadros en los que se ocupa del ideario peronista, el leitmotiv de su obra. Actualmente trabaja en un proyecto junto a Damián Szifrón y la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, en una serie de capítulos que saldrían por Telefé, acerca de hitos históricos del peronismo.  Por si fuera poco, Santoro acaba de descifrar un error cometido por Michel Foucault en su libro Las palabras y las cosas, acerca de lo que el filosofo francés analiza en relación al cuadro de Velázquez, Las Meninas.



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Peronismo y Progresismo

Periodista: ¿Cómo ven la relación actual entre el peronismo y lo que podríamos denominar como peronismo-progre?
Daniel Santoro: Hay que mirarlo de manera flexible, hay una visión sobre el peronismo que es propia del progresismo y/o del peronismo progresista que es la de lavar al peronismo, mirada que conlleva un ánimo purificador. Pero también vemos en estos días, después de la muerte de Néstor Kirchner, que hay un anti-peronismo progresista, y en la plástica eso se ve mucho, vienen y te dicen <<yo soy antiperonista pero por Cristina doy todo>>. Ahora, de ahí a la bolsa de gatos hay un paso y hay que tener cuidado porque el acercamiento del progresismo al peronismo muchas veces es una historia desgraciada, algunos se van porque no lo soportan, a los que se les va el asco se quedan. La limpieza del progresismo siempre supone la idea de que el peronismo debería desaparecer, de que debe ser subsumido, de que lo van a sacar de esa selva oscura en la que el peronismo habita. Hay una figura interesante que la crearon los chicos del Grupo de Acción Callejera, ellos tienen una serie de video juegos con simbología peronista, choripanes que son lanzados contra los multimedios y ese tipo de cosas, y hay una  figura de un pingüino negro y blanco que emula el Yin-Yang, esa idea de totalidad asiática que no es división, sino unidad. El peronismo funciona como el Yin-Yang, tiene un lado luminoso y otro más oscuro, pero es un todo. Perón concebía las cosas como una gran unidad.





P: La mesa de dirigentes en el acto de Huracán, digamos.
DS: Sí, claro. La mesa de Huracán es la manera de unidad que concebía Perón.
P: En ese sentido la figura de Eva está más preservada que la de Perón.
Juan Diego Incardona: Sí por supuesto. Hay una efervescencia del campo cultural, escritores, músicos, periodistas. El mundo de la cultura en general apoya más que antes y lo hace de una manera abierta, no es solamente el campo de la plástica. Hoy en algún punto es más cool apoyar a Cristina que no hacerlo. La intención es civilizar al peronismo, esta buena esa idea del Yin-Yang, tesis-antítesis, síntesis, porque implica una idea dinámica, de movimiento. El progresismo tiene lugar en el peronismo, pero el progresismo viene con una intención de querer limpiar todo lo que de popular hay en el peronismo que históricamente se asoció a la barbarie. Esa tensión está muy equilibrada en el escenario político actual pero en otras épocas esa tensión fue muy violenta en la Argentina.
DS: Se resolvió a los tiros, claro.
JDI: Es una tensión similar a la existente entre las expresiones artísticas, o políticas, de la izquierda y el peronismo. La izquierda en ese punto razona desde un lugar distinto a la de la clase baja o popular. La izquierda argentina es de clase media, desde ese lugar también son la civilización; son estudiosos, analíticos, eruditos, razonan desde otro lugar, no como un trabajador que tiene la emoción a flor de piel por encima de la razón o la reflexión, y eso no hay que desdeñarlo, esa es la emoción peronista. Y muchas veces eso se desprecia como si la emoción no fuera parte de la política de la cultura de un país, es un valor que responde a los hechos sociales. El peronismo es en ese sentido, como movimiento político, el único que posee movimiento cultural. El impacto cultural que el peronismo tiene sobre la cultura popular no tiene comparación, tuvieron que pasar muchos años para que ese conjunto de hechos conformaran la tradición cultural que existe hoy. Entonces cuando hay una tradición la civilización enuncia que hay Civilización. Daniel no empezó a pintar ahora y como él tantos otros.
DS: Bueno vos también instalas el peronismo en la cultura más que en la política, sos un referente de esta nueva generación que se incorpora a una tradición cultural peronista. No hay ningún otro partido ni movimiento político que pueda ser definido o enunciado desde el mundo de la cultura, en ese sentido el peronismo es polisémico, no es sólo un partido, primero debe ser visto como conjunto, y después su fase política, por eso no importa el nombre que lleve porque el fenómeno es mucho más amplio que eso. Y por eso se recicla constantemente, están los Incardona, los Capussoto, los Carlos Godoy, los Juan Terranova, los Alejandro Dolina. Hay fenómenos en todos los campos del arte que hablan del gran relato histórico que es el peronismo. El peronismo es el punto histórico de la política, es ese sumidero donde todo confluye, hay una historia nacional previa pero cuando el peronismo irrumpe, ya después todo confluye y tiene la marca indeleble del peronismo. El peronismo es en ese sentido una gran distribuidora (risas) de identidades, por ser o por no ser. Lo que esta pasando ahora es como un gran tsunami luego de la muerte de Néstor, eso amalgamó la cosa, los jóvenes quieren ser parte de una gran gesta. 



Arte Peronista
P: ¿Se puede definir qué es el arte peronista o qué es una literatura peronista? ¿Qué elementos deberían componerla?
JDI: Hace mucho tiempo que vengo pensando eso y creo que a Daniel se lo han consultado también. ¿Existe o no existe un manifiesto artístico peronista? ¿Cómo debería ser, qué características la compondrían? Para mí hay dos cuestiones; por un lado debería nutrirse de elementos que no provengan del arte o de la literatura, y que sus materiales sean vírgenes de ese arte y de esa literatura pero afines al mundo peronista, el mundo del trabajo, por ejemplo. Podemos nombrar una película, El Pulqui, que tiene ese componente arltiano, industrial, esos talleres, esos obreros, la zona sur de la provincia de BsAs; tienen esa composición que ilustran muy bien lo que es el mundo peronista. Si hay que armar una tradición de literatura peronista Arlt estaría allí dentro aunque sea anterior al peronismo. Pero Arlt es leído con cariño por cualquier peronista. No así la cultura más libresca que podría simbolizar Borges. Pienso que se encuentra una tradición cultural peronista allí donde el arte no se nutre por esa aura de “lo artístico” sino cuando se compone de este tipo de elementos. Por otro lado tiene que dar cuenta de la comunidad, no es el arte por el arte mismo, está relacionado con otras emociones, con otros aspectos de la comunidad. Y si bien muchos han escrito, pintado o filmado sobre el peronismo, ¿alcanza para que eso sea un arte, una literatura peronista simplemente porque se nombra a Perón y a Eva? Habría que tomar en cuenta esto de trabajar una  poética de la que hablábamos recién, por afuera del arte pero que se inscriba dentro de una tradición. Se me ocurre el conurbano, esa estética que Santoro despliega en sus cuadros, Ciudad Evita, Juanito Laguna, Ramona, no son escenarios urbanos, no es la Capital Federal, más bien son escenarios en donde está presente lo urbano y lo rural; la cartografía es de la periferia, ahí está su mitología. En la literatura sucede lo mismo, ese viaje al fin de la noche, esa excursión al peronismo, tal cual sucede en la literatura del siglo XIX, en El matadero de Esteban Echeverría, desde la civilización a la barbarie. Como si dijeran “vamos a ver al peronista”, entonces aparecen Perón y Evita pero como el buen salvaje de Rousseau.
DS: Claro, con más o menos piedad, onda vamos a ver qué tan salvajes son. (Risas)
JDI: Exacto pero en la literatura peronista eso ya no es fruto de un viaje, no es el unitario que se encuentra a Matasiete en El Matadero, ahora es Matasiete o su amigo el que produce desde ese lugar, el que hace la operación inversa, el que viaja del conurbano a la ciudad, de la barbarie a la civilización, pero como protagonista. Hay un hecho profundamente artístico, además de político,  profundamente cultural si uno piensa en cómo se organizaron las artes y las relaciones de clases en relación al centro-periferia, el lugar del peligro, la amenaza periférica, la barbarie, el conurbano. Y el día que invierte esa lógica es el 17 de octubre, es una gran mojada de oreja.
P: Es muy interesante esa idea porque el peronismo podría ser un ordenador revulsivo, para otros que pierden la iniciativa en el campo de las artes, y la política, impulso ajeno al que le temen.
DS: Sí, sí. El peronismo tiene una gran capacidad de apropiación, antepone una mirada ingenua, si se quiere, que es capaz de decir todo lo que me gusta lo hago mío y me lo banco. La estética del peronismo es barroca en ese sentido, no hay una identidad que desde el fondo de los tiempos nos permita decir “aquello es el peronismo.” Nosotros tenemos la facultad de ver el todo y decir el todo me gusta, es mío porque en verdad hay algo de ese todo que me gusta. Nuestro origen es sólo apropiación. Cuando apareció la propaganda política el peronismo se apropió de la estética de Roosevelt, de Stalin, pasando por el constructivismo ruso; y una cierta imagen inocente, tomó el gauchito, el obrero industrial, el trabajador rural y compuso algo que era la propaganda política, la imagen del peronismo es la propaganda política. ¿Cuál es el ícono de Eva? Es una actriz, es un origen que viene de un afiche de Radiolandia, el origen no podría ser más bastardo, hoy sería como aparecer en  la tapa de la revista Caras. Nosotros hoy no permitiríamos que la revista Caras impusiera un icono político, de la trascendencia que Eva tuvo, sin embargo el peronismo es de esa inocencia y tiene esa capacidad de no juzgar. Una mirada erudita no permitiría eso, más bien lo desprecia, el peronismo nunca tuvo ese piso erudito en ese sentido, lo único que hizo fue apropiarse de las cosas, y esa construcción que es apropiadora, ingenua y que es barroca es el imaginario peronista. Es nuestra identidad y su cantera es lo genuinamente popular, no juzga, la mirada erudita siempre tiene un juicio previo sobre lo ingenuo.
JDI: El peronismo siempre va a encontrar la forma de ser mal visto.
DS: Y esa limpieza del erudito progresista se ve claramente ilustrada en la estética de Crónica TV y el canal Ciudad Abierta (Canal del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Bs.As). Son dos estéticas. En el canal de la ciudad toda la estética es pulcra, luminosa, ya hay una operación de limpieza que fue realizada. En Crónica TV tenes el crudo para que vos mismo lo tengas que digerir todo, eso es barroco y ahí hay que saber mirar, te muestran el perro ahí estampado contra el asfalto (risas), pero de ese quilombo salen las cosas luminosas, en lo barroco esta la oscuridad, es como un bosque y de ahí siempre irrumpe la novedad. La novedad nunca irrumpe de la cosa “progresista de la imagen”, de ahí se va derecho al minimalismo, la estética BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) digamos.
JDI: Me quede pensando en lo que vos decías Daniel, en el origen. El 17 de octubre es sólo una fecha, me gusta pensar que el peronismo, un país, se construyen de un tiempo biográfico y de un mito. Ahí hay reencarnados, algo de espectral, fechas, ambientes. El peronismo se apropia de una historia previa a él, es anacrónico, el tiempo se dobla como en los relojes de Dalí (risas) y ahí aparece el peronismo no tanto en el tiempo biográfico sino en un registro histórico atemporal que finalmente se apropia de la biografía histórica, previa al concepto:   peronismo.  Digamos, Juan Manuel de Rosas era peronista.
DS: Claro, Miguel REP sacó un libro hace poco que se llama “200 años de Peronismo” y es correcta esa idea.
JDI: Yo pensaba civilización o barbarie, esa oposición que tanto organiza nuestra cultura. ¿Cuál es el origen? La historia del guerrero y la cautiva, El matadero, etc. En ese esquema la periferia es la barbarie, hay una masa negra que amenaza siempre, primero fue el indio, luego el gaucho, después el inmigrante, mas tarde el cabecita negra y ahora los villeros. La amenaza siempre es el origen del mito por eso el peronismo estuvo siempre en la argentina representado en la amenaza social o en sujetos específicos. Ya está en La Cautiva, al comienzo los pájaros cantan, está todo bien, pero después cae la noche y ya asoman puntas de lanzas en el horizonte, es la gente del conurbano, son los intendentes del conurbano. Ese es el lugar del mito, por eso es difícil saber cuándo se inicia todo.
DS: Yo rescato todo del peronismo; a Menem, Duhalde, todo, porque los mayores traidores también fueron parte del peronismo. El peronismo es del orden de lo ominoso y eso lo hace nuestro gran relato histórico, sino es una celebración.
JDI: No es el lugar de la bondad.
DS: Claro, exactamente. Esa sería la mirada progresista, tomar sólo la parte cómoda del todo. Pero el peronismo es todo, por eso necesita de un gran conductor, sino es como tomar un vidrio astillado, constantemente astillado.
P: El mito y la épica necesitan de un enemigo. ¿Cuál es la naturaleza de esos enemigos históricos?
JDI: Es condición del peronismo tener enemigos. La oligarquía que atenta contra la soberanía nacional es el enemigo histórico de la Argentina. Por ejemplo hay una fecha patria que se vuelve relevante y que estuvo solapada todo este tiempo, y este gobierno la ha hecho propia, es la reivindicación de Vuelta de Obligado.
DS: El repudio de una gesta que era canon de la generación del centenario, como La Guerra del Paraguay, el peronismo la derribo como paradigma y la hizo propia también. Hay una forma de reinscribir la historia que es peronista. ¿Qué tienen que ver el peronismo con la guerra del Paraguay? Bueno todo tiene que ver.
JDI: Es un movimiento latinoamericanista. Jugando con civilización o barbarie, nunca termina de suceder, esa masa oscura que rodea la ciudad, que toma la casa de Cortázar. El lugar de la barbarie siempre es el monstruo.
P: Siguiendo con la idea de civilización o barbarie ¿Qué sucede cuando los aspectos que se suponen propios de la civilización quedan dentro del peronismo? ¿Eso desordena un poco?
DS: Yo lo veo como una inter-fase, el peronismo esta en un equilibrio, a veces es mensajero de la barbarie y otras de la civilización. Los dos grandes momentos donde la educación tiene un impulso fenomenal son Sarmiento y Perón. ¿Cómo es esto? Bueno es un desplazamiento permanente, a veces se es el monstruo y a veces la civilización, no homologada por otro lado. Está claro que el peronismo no es bien visto como agente civilizador, por eso es problemático y esta siempre desnivelado. Es la línea de costura. Civilización o barbarie es una tensión falaz, lo que espera esa dicotomía es la metabolización. ¿Por qué en Brasil esa tensión no existe? Bueno porque hay una relación con el territorio, la selva y la pampa, cualitativamente distinta. Con la selva se dialoga, es claramente ajena, la pampa da la falsa idea de que se la puede civilizar. Hay una diferencia en la comprensión del otro, en su integración, por eso el peronismo es amenaza, porque te pone al cabecita negra en el centro de la escena, en Plaza de Mayo, hay un no asumirse como lo que somos: mestizos.
***
Incardona se perfila sin lugar a dudas, como un potente referente de la literatura que sabe representar como pocos la simbología peronista, al tiempo que milita con la letra escrita y con el cuerpo en la calle, ese territorio donde todo es posible. Santoro fue, continúa y será siempre el referente, ese desagüe necesario y obligado hacia donde todo lo que se denomine como peronista debe ir a parar o fluir, aunque al inicio de la tarde ha olvidado en la cocina la docena de facturas que Incardona había comprado y que ya nunca comeremos. La tarde se escurre así, entre resoplidos tibios y brillantes, la noche se cernía entonces sobre la casa-museo del Gran Santoro.